Por: Daniel Valles.
En política, lo que parece ser, casi siempre es. Y cuando no lo es, se le parece tanto que produce exactamente las mismas consecuencias.
La titular del Poder Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum, visitará Ciudad Juárez el próximo sábado 19 de septiembre. Presentará los resultados de su Segundo Informe de Gobierno en la Plaza de la Mexicanidad, acompañada por funcionarios federales, representantes de Morena y autoridades municipales. Hasta el cierre de este artículo, el Gobierno de Chihuahua y la gobernadora Maru Campos no habían recibido una invitación ni una notificación oficial.
Dicho en lenguaje de barrio: “Voy a tu casa, haré una fiesta y no te invito”.
Por supuesto, siempre queda abierta la explicación burocrática. Pudo tratarse de una omisión, una falla logística, una invitación traspapelada o algún funcionario que olvidó apretar el botón de enviar. En el gobierno abundan los despistes, sobre todo cuando conviene que parezcan despistes.

También es posible que, al publicarse estas líneas, la invitación ya haya llegado. Sin embargo, si apareció después de que el Gobierno estatal hizo pública su ausencia, dejaría de parecer una cortesía institucional y comenzaría a verse como una corrección política. No sería propiamente una invitación, sino el equivalente protocolario de agregar una silla plegable cuando el invitado ya descubrió que no estaba contemplado en la mesa.
El problema no es la tarjeta, sino el mensaje.
La dirigencia estatal de Morena conocía la visita. El Gobierno municipal también. El alcalde en funciones, Héctor Ortiz Orpinel, habló del acontecimiento y aseguró que Sheinbaum conoce los problemas de Ciudad Juárez.
La convocatoria fue difundida públicamente y comenzó la movilización para llenar la Plaza de la Mexicanidad. Todos parecían enterados, menos el Gobierno del Estado.
Ni siquiera la Secretaría de Seguridad Pública estatal había sido requerida para participar en el operativo. Su titular, Gilberto Loya, declaró que conocía la posible visita por lo difundido en redes sociales. La titular federal llegará a Chihuahua y las autoridades encargadas de la seguridad estatal se enteraron como cualquier ciudadano: mirando el teléfono.
El episodio no puede separarse de la relación entre Sheinbaum y Maru Campos. Ambas se han enfrentado por las competencias estatales, la intervención de agentes estadounidenses en Chihuahua y los límites de la soberanía federal. A eso se sumaron investigaciones, citatorios y acusaciones públicas.
La gobernadora tampoco asistió al Segundo Informe federal del 1 de septiembre. Explicó que, después de los señalamientos en su contra, no se sintió invitada por consideración, sino por compromiso.
Ahora Sheinbaumllegará a la entidad gobernada por Campos, se apoyará en el Gobierno municipal y en la estructura de Morena, reunirá a sus seguidores y hablará directamente a los chihuahuenses. Todo ello sin que la gobernadora aparezca, hasta ahora, dentro del escenario.
La señal es imposible de ignorar. El poder federal puede entrar en Chihuahua, instalar su propia tribuna y prescindir políticamente del Gobierno estatal. No necesita declarar una ruptura; basta con organizar el acto como si la gobernadora no existiera.
También Maru Campos enfrenta una encerrona. Si recibe una invitación tardía y asiste, podría parecer que acudió después de reclamar un lugar. Si decide no presentarse, la ausencia confirmará visualmente el distanciamiento. Y si nunca es invitada, quedará expuesto que la visita fue menos institucional de lo que se pretende y bastante más partidista de lo que se admite.
Una invitación recibida durante las próximas horas cambiaría el dato, pero no borraría la impresión. Porque el protocolo no solamente sirve para acomodar lugares, saludar autoridades y tomarse fotografías. Sirve para reconocer poderes, cuidar relaciones y enviar mensajes. Por eso, en política, hasta una silla vacía puede pronunciar un discurso.
Puede haber sido una omisión. Puede haber sido una falla logística. También puede ser una demostración de fuerza. Pero cuando una mandataria llega a la casa de otra, organiza la fiesta y olvida invitar a la anfitriona, no hace falta ser experto en protocolo para entender lo que parece.
Y en política, lo que parece ser, casi siempre es. Ahí El Meollo del Asunto.
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