Administrar el Agua.

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Por: Daniel Valles.

Cada verano en Ciudad Juárez ocurre el mismo ritual: sube la temperatura, se encienden los aires lavados, baja la presión del agua… y sube el volumen de las promesas oficiales.

Este año no es distinto. La autoridad hidráulica asegura que habrá capacidad suficiente para enfrentar la demanda estacional. El director ejecutivo afirma que hoy operan 200 pozos y que para verano serán 275. La cifra suena tranquilizadora. El problema es que, al revisarla, parece más un discurso de conferencia que una realidad verificable.

Porque el agua, como los números, no debe inventarse.

En unos cuantos días entrarán en operación cerca de 400 mil aparatos de aire evaporativo en esta frontera. La mayoría son sistemas de “aire lavado”, y cada uno consume en promedio alrededor de 10 metros cúbicos de agua al mes. Eso significa una presión súbita y masiva sobre la red de distribución. Una vivienda que normalmente consume una cantidad moderada de agua, al activar su sistema de enfriamiento prácticamente duplica su demanda.

Y esa demanda no aparece gradualmente.
Explota de un día para otro.

El problema no está en que Juárez no tenga infraestructura. En los últimos años sí ha habido avances: sectorización, cambio de válvulas, modernización de líneas, reposición de tuberías. Todo eso mejora la distribución. Pero mejorar distribución no equivale a crear agua nueva.

Ahí está el punto ciego del discurso oficial.

Hace apenas dos años, los datos públicos hablaban de aproximadamente 220 pozos en operación y no más de 20 en reserva o rehabilitación. Hoy se nos dice que funcionan 200 y pronto serán 275. ¿De dónde salen esos 75 pozos adicionales? ¿Se perforaron en tiempo récord? ¿Ya están equipados? ¿Ya tienen electrificación, línea de impulsión, integración a red?

Perforar un pozo no es perforar un discurso.
Requiere estudios hidrogeológicos, inversión, permisos, equipamiento, pruebas y conexión.
Eso toma meses, no ruedas de prensa.

Si esos pozos existen, la ciudadanía merece saber:
dónde están, cuánto producen, qué colonias abastecerán y cuándo entrarán realmente en operación.

Porque una cosa es anunciar capacidad proyectada y otra muy distinta garantizar presión efectiva en miles de hogares juarenses.

El verano juarense no perdona simulaciones.

Cuando la presión baja, no baja en los informes: baja en las colonias. Baja en las regaderas. Baja en los tinacos vacíos de las familias que, en plena ola de calor, descubren que el agua no sube al segundo piso.

Y mientras eso ocurre, el diagnóstico de fondo sigue intacto:
Ciudad Juárez ha invertido en mover mejor el agua, pero no ha resuelto del todo cómo obtener más agua fuente.

No faltan solamente válvulas.
Falta disponibilidad real.

El Bolsón del Hueco no es infinito. Los acuíferos no responden a boletines optimistas. Si la ciudad crece, si el consumo doméstico crece, si el clima exige más enfriamiento, entonces las fuentes deben crecer también: captación, reúso, tratamiento, nuevas alternativas superficiales.

El verdadero debate no es si habrá presión suficiente en junio.
El debate serio es cuánto tiempo más puede sostenerse Juárez con el mismo modelo extractivo.

Cada verano se repite la misma escena: autoridades aseguran que ahora sí habrá abasto; ciudadanos llenan tambos por precaución; colonias enteras reportan baja presión.

La pregunta no es si faltará agua en algún punto de la ciudad.
La pregunta es cuántas veces más seguiremos enfrentando el mismo verano con las mismas excusas.

Porque una ciudad fronteriza puede sobrevivir al calor.
Lo que no puede soportar indefinidamente es una planeación hidráulica con base en anuncios más abundantes que el agua misma.

Y ahí, justamente ahí, está el meollo del asunto.