Por: Daniel Valles.
Si México pierde a sus jóvenes, ¿qué le queda?
15 de mayo de 2025
Si uno busca una señal clara de que algo está podrido en el corazón de México, no hace falta revisar las finanzas públicas ni los discursos oficiales. Basta con mirar el dato: las desapariciones de adolescentes entre 15 y 19 años aumentaron un 63.6{63ceac13d2e492d846093719d8ff7c2254e7294e69479052bdac7d29343594e4} en solo un año.
No es una cifra aislada. Es un patrón. Un fenómeno que se extiende como un cáncer: niños de 10 a 14 años también están desapareciendo más que nunca.

Y no hablamos de accidentes ni de migración: hablamos de reclutamiento forzado, trata, crimen organizado.
La Universidad de Guadalajara y organizaciones de derechos humanos lo han documentado. El País lo ha publicado. Jalisco encabeza la tragedia, pero no está solo. Tamaulipas, Veracruz, Michoacán, Guerrero… todos están manchados por la misma sangre joven.
La respuesta institucional ha sido tibia, casi indolente. Se anuncian mesas, diagnósticos, mesas de diálogo. Pero los padres siguen colgando fotos en postes y las madres marchando con pañuelos en la mano.
El Estado no los busca. Las familias sí.
Y es aquí donde la gravedad se convierte en traición. Porque si el Estado no protege a sus niños, entonces ¿para qué sirve?
Este no es un problema de seguridad. Es un colapso moral.
Los criminales ya no se esconden en la sierra; ahora reclutan en escuelas, parques y redes sociales.
No hay paz posible cuando una nación entierra a sus hijos o deja que desaparezcan.
Hoy no se trata de culpar. Se trata de decidir si vamos a seguir fingiendo que esto es “parte del paisaje”… o si por fin vamos a decir: basta.
Porque si México sigue perdiendo a sus jóvenes, no quedará nadie para reconstruirlo. Y eso es, El Meollo del Asunto.