DEBAJO DEL RUIDO | ENTREGA 3 DE 3
PISA exhibió la debilidad educativa de México. El contraste de 60 años mostró que Singapur y China acumularon capacidades mientras nuestro país avanzó mucho menos de lo que permitían sus ventajas. Falta observar un tercer elemento: la corrupción. También educa, aunque enseña lo peor.
Transparencia Internacional publica el Índice de Percepción de la Corrupción, basado en evaluaciones de expertos y empresarios sobre el sector público. No registra cada soborno, pero permite comparar tendencias. Desde 2012 utiliza una escala de cero a 100: a mayor puntuación, menor corrupción percibida.
En 2010 la escala era de cero a diez. Aquel resultado no debe compararse numéricamente con los posteriores, aunque sí permite conocer la posición relativa de cada país. Desde 2012, la tendencia es directamente comparable.
Corrupción percibida en cinco momentos.

Puntuación | lugar. *En 2010 se utilizaba una escala de 0 a 10; desde 2012 se usa una escala de 0 a 100. Los valores de 2010 no son comparables numéricamente con los posteriores.
Singapur se mantuvo entre los países mejor evaluados: pasó de 87 puntos en 2012 a 84 en 2025 y ocupa el tercer lugar global. China avanzó de 39 a 43. México tomó la dirección contraria: bajó de 34 a 27 puntos y cayó del lugar 105 al 141. No fue un tropiezo, sino una degradación sostenida.
La comparación no autoriza una fórmula simplista. China creció con rapidez pese a conservar corrupción y un régimen autoritario. Su expansión también responde a capacidad estatal, infraestructura, educación técnica e industrialización. Singapur muestra la combinación más sólida: educación, instituciones eficaces, baja corrupción percibida y bienestar.
México presenta la mezcla menos afortunada. Una educación insuficiente para leer, calcular y cuestionar convive con instituciones que toleran impunidad y lealtades políticas por encima de la competencia. La corrupción no sólo roba dinero: desvía hospitales, encarece carreteras, degrada escuelas y coloca incapaces en responsabilidades públicas.
Aquí aparece Victoria Gutiérrez Pérez, diputada local de Morena en Veracruz y presidenta de la comisión de cafeticultura. En 2025 afirmó que científicos veracruzanos habían construido una nave para viajar a Marte y que les pidió llevar café para que allá se sintiera el aroma veracruzano. El Proyecto ARES existe, pero es una iniciativa experimental por etapas, no una nave lista para Marte.
Podría haber sido una mala explicación. Sin embargo, después volvió a defender su versión, habló de naves y misiles en el taller, invocó la soberanía espacial y descalificó a “la derecha”. Cuando faltan argumentos, aparece la consigna: se apropia de un discurso que no comprende y lo utiliza para agradar al poder que la sostiene.
No se trata de burlarse de una mujer ni de desacreditar un proyecto mexicano. Se trata de preguntar cómo llega alguien a una tribuna sin formación para entender lo que anuncia. Un cargo no garantiza educación. La formación se demuestra al escuchar, investigar, explicar y, cuando uno se equivoca, rectificar.
La corrupción también consiste en entregar responsabilidades por obediencia y no por mérito. “10{523864d36b8fd894dc076a8d7c7120f4c201c0b74db43be5b8e47e4de7f3d65f} de conocimiento; 90{523864d36b8fd894dc076a8d7c7120f4c201c0b74db43be5b8e47e4de7f3d65f} leltad”.
Puede no haber un sobre bajo la mesa, pero existe injusticia cuando el cargo se vuelve premio partidista. La justicia va de la mano de la ética; la justicia social, del bien común. Y el bien común exige servidores preparados.
La corrupción es un problema moral y espiritual que daña a toda la sociedad. Las leyes pueden castigar, pero no fabricar virtud. Hacernos buenas personas no es obligación del Estado; es responsabilidad individual. El Estado sí debe impedir que la deshonestidad sea premiada y la incompetencia protegida por una bandera partidista.
Volvamos a la tesis: un pueblo que no domina lectura, matemáticas, ciencia e historia queda indefenso ante la manipulación. Si además normaliza la corrupción, acepta que la propaganda sustituya al conocimiento y la lealtad a la capacidad. Entonces el país no progresa: solamente cambia de eslogan.
PISA, el desarrollo económico y la corrupción cuentan la misma historia.
Singapur educó, ordenó sus instituciones y avanzó. China formó capacidades, aunque mantiene graves contradicciones. México explica sus fracasos mientras celebra ocurrencias.
Entre una nave que no va a Marte y un café cuyo aroma nunca llegará, seguimos esperando que la realidad aterrice en la tribuna.
Así está hoy, El Meollo del Asunto
Fuentes
• Transparencia Internacional, Índice de Percepción de la Corrupción, ediciones 2010, 2012, 2015, 2020 y 2025.
• OCDE, PISA 2025 Results, Volume I.
• Intervenciones públicas de Victoria Gutiérrez Pérez y materiales de divulgación del Proyecto ARES.
