El Meollo del Asunto presenta un tema que está:
DEBAJO DEL RUIDO | ENTREGA 1 DE 3
Los resultados de la prueba PISA 2025, dados a conocer el 8 de septiembre de 2026, se convirtieron en el tema de temas en México. Noticieros, analistas y especialistas hablaron de lo devastador de las cifras. La excepción fue el régimen, que intentó reducir su importancia porque los resultados ponen contra la pared a la llamada Nueva Escuela Mexicana.
La titular del Poder Ejecutivo Federal dijo que su gobierno siempre ha criticado PISA y señaló que, “aplicar una misma evaluación a países con realidades diferentes tiene limitaciones”. El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, ya había calificado sus resultados como “relativos” y advertido que las pruebas estandarizadas tienen “limitaciones muy importantes”.
PISA, desde luego, no es palabra divina ni mide todo cuanto ocurre dentro de las aulas. Pero tampoco es una ocurrencia elaborada en la mesa de algún comentarista conservador. En 2025 participaron más de 760 mil alumnos de 15 años, representativos de unos 33 millones de estudiantes de 91 países y economías. La prueba busca conocer si pueden aplicar lo aprendido en ciencias, matemáticas y lectura. Es decir, no pregunta únicamente cuánto memorizaron, sino qué pueden hacer con lo que saben.
Y allí aparece el desastre.

La denominación B-S-J-Z corresponde a Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang. Por lo tanto, sus resultados no representan a toda China, sino a cuatro de sus regiones con mayor desarrollo. La salvedad es indispensable. Sin embargo, tampoco vuelve irrelevante el contraste: esos sistemas y Singapur ocuparon los primeros lugares, mientras México se mantuvo muy por debajo del promedio de la OCDE.
En nuestro país, apenas tres de cada diez estudiantes alcanzaron el nivel básico en matemáticas. En ciencias, la mitad no llegó al mínimo esperado. Y solamente uno de cada 200 alcanzó los niveles más elevados de desempeño. No hablamos de jóvenes incapaces. Hablamos de generaciones a las que el sistema educativo no está proporcionando las herramientas suficientes para comprender un texto, resolver un problema o examinar críticamente una afirmación.
La reacción gubernamental fue previsible. En lugar de observar el enorme elefante dentro del salón, cuestionó el tamaño de la cinta con la que fue medido. Incluso atribuyó a la Nueva Escuela Mexicana el pequeño aumento de dos puntos en ciencias, mientras explicaba las caídas en lectura y matemáticas con factores internacionales y el uso de plataformas digitales. Cuando un dato mejora, el mérito pertenece al modelo; cuando empeora, la culpa es del mundo. Una pedagogía política bastante cómoda.
La Nueva Escuela Mexicana promete una formación crítica, humanista y comunitaria. Las palabras son preciosas. Pero un estudiante no desarrolla pensamiento crítico si no comprende lo que lee, desconoce las operaciones matemáticas elementales y carece de bases científicas e históricas. La conciencia social no reemplaza al conocimiento. Primero hay que aprender a pensar; después será posible cuestionar con fundamento.
En Ciudad Juárez, el problema tiene rostro local. Una de cada ocho secundarias —el 12 por ciento— enfrenta regularmente insuficiencia de personal o grupos sin profesor. Faltan docentes precisamente en Matemáticas, Ciencias e Inglés, además de psicólogos, prefectos y personal de apoyo socioemocional. No hace falta esperar la siguiente prueba internacional para descubrir las consecuencias. Si no hay maestro frente al grupo, no habrá discurso oficial que sea capaz de impartir la clase. No importa quién lo exprese.
Un pueblo que no es educado en lectura, aritmética, matemáticas, ciencias, historia y otras materias básicas es fácilmente manipulable. Sin conocimiento no existe pensamiento crítico, sino repetición. Ese pueblo se vuelve conformista, acepta la consigna, celebra la mediocridad y termina agradeciendo como conquista aquello que debería reclamar como derecho.
La formación de buenas personas no es obligación exclusiva del Estado. Es una responsabilidad fundamental de cada individuo, de las familias y de las comunidades. Pero el Estado sí está obligado a garantizar escuelas, maestros, programas útiles y condiciones dignas para aprender. No puede fabricar virtudes por decreto, aunque tampoco tiene derecho a administrar ignorancia y llamarla transformación.
La educación debe formar seres humanos capaces de distinguir la verdad de la propaganda, la justicia del abuso y el bien común del interés político. Porque la justicia va de la mano de la ética. Y quien no sabe leer, calcular, comparar ni cuestionar queda indefenso ante quien controla el micrófono, el presupuesto y los libros de texto.

Quizá la Nueva Escuela Mexicana todavía no produce mejores lectores, científicos o matemáticos. Pero al menos ya consiguió incorporar al lenguaje oficial aquello de “estudiantes y estudiantas”. Algo es algo, dirán. Aunque después ninguno de los dos sepa cuánto es dos más dos. Así es El Meollo del Asunto.
Fuentes
• OCDE. PISA 2025 Results, Volume I: Future-Ready Students.
• OCDE. PISA 2025 Results, Country Note: Mexico, 8 de septiembre de 2026.
• El Diario de Juárez. “Faltan maestros en 12{fbfe5025d87d1059f3a5a4742391fd75cd567c265619f138c8786b55a4f5f287} de secundarias”, 12 de julio de 2026.