Cuando cae un Jefe.

Por: Daniel Valles.

Hay días en que el país amanece con la sensación de que algo cambió. No que mejoró, no que se resolvió, sino que cambió.

El domingo 22 de febrero es uno de esos días. La captura y muerte de quien encabezó durante años al Cártel Jalisco Nueva Generación no es un hecho menor, ni un boletín más de seguridad. Es un mensaje.

Pero los mensajes en México duran lo que tarda el siguiente incendio en bloquear una carretera.

Durante años se construyó alrededor de “El Mencho” una narrativa de invencibilidad: poder territorial, capacidad financiera, expansión internacional, diversificación criminal —metanfetaminas, fentanilo, extorsión, control de plazas— y una maquinaria de terror mediático que hacía parecer que el Estado siempre llegaba tarde.

La primera hipótesis que planteo es clara: nadie construye un imperio criminal de esa magnitud sin vacío institucional, sin fragmentación previa del mapa del narcotráfico y sin redes de protección local. Pensar que todo fue “genialidad operativa” del líder es ingenuo. Las estructuras criminales crecen donde el Estado se ausenta o se corrompe.

La segunda hipótesis apunta al futuro inmediato: ¿fragmentación violenta interna?, ¿sucesión ordenada?, ¿ofensiva sostenida del Estado? Son rutas posibles que cualquier periodista responsable debe plantear para luego confirmar o descartar con datos. Hacer hipótesis no es especular; es trazar rutas de investigación. Es el método. Es el oficio.

Esto que sucedió el domingo 22 de febrero pasado, es lo primero que tengo para felicitar el actuar de la presidente, Sheinbaum y del régimen, en general. El operativo marca un hito en la historia contemporánea de México. Ya que, desde 1910 -1920, no se veía algo así en el país.

Sí. El operativo representa un hito. No por la espectacularidad, sino por el simbolismo: tocar la cúspide de una estructura que parecía intocable. Eso no se logra con discursos, sino con inteligencia, coordinación y decisión política.

Pero cuidado: un operativo exitoso es un momento; una estrategia eficaz es continuidad. Si el control territorial no se consolida, si no se desmantelan las finanzas, si no se persigue la red política que haya existido —si la hubo—, entonces el golpe será sólo una reconfiguración criminal. El crimen organizado no desaparece; muta.

¿Existió protección institucional durante años?
¿Se tenía información previa y por qué no se actuó antes?
¿Puede el Estado sostener presencia real en las zonas afectadas?
¿Habrá presión mayor de Estados Unidos por el tema del fentanilo?

No estamos ante el final del narcotráfico. Estamos ante una prueba de Estado. La verdadera noticia será lo que ocurra en las próximas semanas: estabilidad o escalada. El país no necesita triunfalismos. Necesita resultados permanentes. Y eso es, El Meollo del Asunto.