Por Daniel Valles
Hoy, primero de mayo, es el Día del Trabajo en México. Miles de burócratas no trabajaron. Tampoco lo hicieron maestros, sindicatos, ni una buena parte del personal de gobierno. Pero no es eso lo que llama la atención. Lo que debería indignar es otra cosa: ¿qué estamos celebrando, si más de la mitad de quienes sí trabajan lo hacen sin derechos, sin contrato, y sin futuro?
Vamos a los números. Porque los números, como el dinero, no mienten (aunque a veces se maquillan).
32.5 millones de mexicanos trabajan en la informalidad. Esto significa que no tienen seguridad social, no cotizan en el IMSS, no tienen acceso a pensión, ni a crédito, ni a una jubilación digna. Venden en la calle, hacen changarros, viven del día. Algunos lo hacen por decisión; la gran mayoría porque el sistema no les dio otra opción.

Pero ahí no termina la tragedia. Otros 14 millones de trabajadores están en lo que el INEGI llama “condiciones críticas de ocupación”. Esto es eufemismo técnico para decir que ganan menos de un salario mínimo o no tienen un horario fijo. En español claro: sobreviven.
Ahora bien, que no vengan a decirnos que esto se compensa con educación o con innovación. Porque del total de ocupados, apenas el 23.8{21e7e9a2208ee2d6becca15cdfe7d437edaa81c8f498c5e1420b069cf69cbb70} tiene estudios universitarios. El 37{21e7e9a2208ee2d6becca15cdfe7d437edaa81c8f498c5e1420b069cf69cbb70} solo cursó la secundaria. El resto, ni eso. Así que no, no estamos formando ingenieros de Silicon Valley ni médicos para Dinamarca. Estamos produciendo mano de obra barata, y precarizada.
Y para rematar: el bono demográfico se nos está acabando. La mayoría de los trabajadores está entre 31 y 40 años. Dentro de una década, esta generación empezará a envejecer. ¿Quién los va a mantener? ¿El Estado? ¿Con qué dinero? ¿Con qué sistema?
Mientras tanto, en el Congreso discuten si reducir la jornada laboral a 40 horas. Una gran idea. Pero antes de reducir las horas, ¿por qué no garantizamos que el empleo sea formal, digno y bien remunerado? Porque una cosa es trabajar menos. Otra muy distinta es vivir mejor.
Este 1º de mayo no hay mucho que celebrar. Sí, hubo reformas: adiós al outsourcing, hola al teletrabajo, más vacaciones. Muy bien. Aplausos lentos. Pero eso es letra en papel, y la realidad en las calles, en los tianguis, en las maquilas y en las esquinas de las avenidas cuenta otra historia.
La historia de millones de mexicanos que trabajan sin parar, y que aun así, no alcanzan a vivir.
El Meollo del Asunto