Por: Daniel Valles.
En Baja California ya no marchan… ahora asan. Y no por gusto, sino por hartazgo.
El pasado sábado, miles de ciudadanos de Mexicali se dieron cita en la Plaza de los Tres Poderes-Centro Cívico-con asador en mano y una sola consigna: fuera Marina del Pilar. Lo llamaron “Carnita Asada Masiva”, pero no se equivoque: fue una protesta. Una con humo, fuego y pancartas tan sabrosas como directas.
Más de 20 mil personas, según reportes de medios como Aristegui Noticias y Infobae, convirtieron el Centro Cívico en una parrillada de inconformidad. ¿La razón? La indignación acumulada por la revocación de la visa de la gobernadora y su esposo, las sospechas de corrupción, la inseguridad galopante… y, sobre todo, el silencio cómplice del poder.
No fue un festival. Fue una advertencia.
Mientras en el escenario políticos improvisados tomaban el micrófono, abajo la gente gritaba con mordacidad. Uno de los asistentes, entrevistado por Zeta Tijuana, resumió el sentir general:
“Aquí estamos, con todo y carne, porque ya nos cansamos de ser gobernados por gente que sólo ve por sus intereses. Que la señora Marina no tenga visa es lo de menos. Lo grave es por qué se la quitaron”.
Otro manifestante, con sombrero y pala de asador, decía en tono de burla:

“¡Yosi Cruzo SinPro Blemas!”, señalando una visa gigante falsa con ese nombre. El humor como trinchera. La carne como medio. El mensaje como filo.
En el aire no sólo se olía carbón, sino el agotamiento social. Lo que antes era una crítica en redes se volvió convocatoria real, tangible, sabrosa incluso. Pero peligrosa para la narrativa oficial.
¿Y el gobierno?
Calla. Marina del Pilar ha repetido que no tiene “nada que esconder”, que “la visa no es necesaria para gobernar” y que todo es “una exageración”. Pero en Mexicali ya no le creen. Porque cuando 20 mil personas prenden asadores no es para celebrar, sino para exponer. Y esta vez, la gobernadora fue el platillo fuerte.
Ni una declaración del gobierno estatal. Ni un intento de diálogo. Sólo la habitual estrategia de minimizar lo evidente.
La protesta como síntoma
Lo sucedido en Mexicali no es anécdota, es síntoma. La ciudadanía ha dejado de confiar en los discursos. Ahora exige cuentas con carne, carbón y comunidad. Porque cuando el poder se desconecta del pueblo, este encuentra otras formas de recordarle que ahí sigue.
Lo que ocurrió en Mexicali no fue una fiesta. Fue un juicio popular, con brasas en lugar de estrados. Y el veredicto fue claro: Marina del Pilar ha perdido la confianza. Y quizá pronto, algo más que la visa. Ahí El Meollo del Asunto.