Reforma Electoral: Poder, no Democracia.

Por: Daniel Valles.

No hay humo blanco en la reforma electoral. Y no porque la oposición esté haciendo su trabajo. El freno está en casa. Dentro del propio bloque oficialista.

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció con bombo y platillo una reforma que, en el discurso, huele a austeridad republicana: recorte a sueldos de diputados locales que ganen más que el Ejecutivo federal, reducción de regidores en cabildos obesos, ajustes a la representación proporcional y menor costo de partidos con mayor fiscalización.
Hasta ahí, suena bien. ¿Quién podría oponerse a recortar privilegios? Pues sus propios aliados. El Partido del Trabajo y el Partido Verde no han dado el sí definitivo. ¿Por qué?
Porque los recortes no son abstractos: tienen nombre, apellido y estructura territorial.
Afectan regidores, operadores, cuadros locales. Es decir, afectan poder real. Y en política, cuando tocas poder, tocas nervios.

Vamos a los números.

México tiene alrededor de 1,124 diputados locales. Si el 30{98aad137c26ab254426cb291b907edc639b76eee444d6e1ec5b7be5d2fafe339} gana por encima del tope propuesto y se les recortan en promedio 20 mil pesos mensuales, hablamos de 337 legisladores afectados. El ahorro estimado: 6.7 millones de pesos al mes, unos 81 millones al año.
En regidores la cosa es más visible: si 200 municipios reducen cinco regidores cada uno, con un sueldo promedio de 40 mil pesos mensuales, serían mil regidores menos. Eso equivale a 40 millones mensuales, 480 millones al año.

La proyección total: 561 millones de pesos anuales.

Ahora, pongamos esto en perspectiva. El presupuesto federal rebasa los 9 billones de pesos. Quinientos sesenta millones representan una gota en el océano fiscal. Es una cifra políticamente vendible, sí. Pero fiscalmente marginal.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿esto es una cruzada democrática o una reconfiguración del tablero rumbo a 2027?

Aquí no estamos ante un debate doctrinal entre izquierda y derecha. Estamos ante una disputa por control territorial, espacios de representación, presupuesto local y operación electoral futura.

La presidente quiere proyectar austeridad. Sus aliados quieren conservar estructura. Nadie está hablando realmente de calidad democrática, de rendición de cuentas o de profesionalización legislativa.

Reducir regidores puede tener sentido en municipios con cabildos inflados.
Limitar sueldos excesivos también. Pero si el criterio es selectivo y responde a cálculos de conveniencia interna, entonces la reforma deja de ser institucional y se convierte en táctica.

La pregunta que debemos hacernos no es si hay ahorro. La pregunta es: ¿quién gana control?

Porque si el ahorro es marginal y el reacomodo político es sustancial, entonces el humo no es blanco ni negro. Es estratégico.

Por ahora, no hay consenso. No hay dictamen cerrado. No hay acuerdo pleno. No hay humo blanco. Y cuando el conflicto no es ideológico sino estructural, lo que se está negociando no es la democracia. Es el poder. Ahí, El Meollo del Asunto.