René Bejarano. (¿Qué nos falta por ver?) Original del 2003

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Por: Daniel Valles.

Artículo escrito originalmente en 2003

Qué nos falta por ver, ha sido el comentario generalizado en el país esta semana. Por donde uno vaya y con quien platique, ése ha sido el comentario final de las conversaciones.

¿Qué nos falta por ver?

Pareciera que nuestra capacidad de asombro crece sin límites y se expande cada semana, no terminamos de salir del asombro, del coraje, la rabia y el desprecio para el “niño verde”, cuando el mismo es sorprendido negociando un soborno de dos millones de dólares, cuando tenemos el siguiente escándalo político encima y casi de la misma forma. Gustavo Ponce, un secretario de finanzas que maneja miles de millones de pesos, apostando en exclusiva zona en los casinos de Las Vegas, Nevada. Posteriormente, vemos a otro hombre recibiendo un soborno de cuarenta y cinco mil dólares.

¿Qué sigue? ¿Qué nos falta por ver?

El caso de René Bejarano, todos lo sabemos, que aún no hemos visto nada, esto es sólo “la punta del iceberg”.

Lo que hemos atestiguado esta semana es tan sólo el inicio de la debacle del Partido de la Revolución Democrática. Me temo que conforme escribo-sábado siete “a, eme”-las cosas estén cambiando tanto y tan rápido que no sea posible que las pueda captar y expresar en este espacio debido a que me encuentro viajando por el estado y debo cumplir con un programa de actividades en el día, ajeno a mi control.

René Bejarano es un hombre-hasta hace unos días-poco conocido fuera del Distrito Federal y fuera del PRD. En el país se sabía poca cosa de él hasta antes de que su persona apareciera en las pantallas del noticiero del personaje “Brozo”. René bien podría ser muy conocido en el PRD, pero fuera de él, no lo era tanto. Esto último-por razones obvias-ha cambiado radicalmente y de una forma tan rápida que seguramente asombra a cuanta persona medite o considere un poco la forma en como la vida de este hombre se colapsó.

No cabe duda que vivimos en una época de grandes cambios, estos pueden darse a la velocidad de la luz y no siempre representar algo bueno o beneficioso. La vida de René Bejarano cambió, todos lo vimos, la vida de René Bejarano se le escurrió de entre las manos y no pudo hacer nada para evitarlo.

René, un hombre que creyó tener algún tipo de poder, se dio cuenta de que su poder no fue suficiente para detener la estrepitosa caída que sufría, cuando de forma por demás inocente se entregó y cayó en la trampa que la vida, en la persona del “comentarista de noticias “Brozo”, le había puesto. Una auténtica “venadeada” es lo que le esperaba al hombre que confiada y plácidamente se apoltronaba frente a su interlocutor en el noticiero que trasmite “Brozo”.

Me imagino los pensamientos de René en ese momento antes de iniciar el segmento con “Brozo”:

“Un segundo programa de televisión, una segunda entrevista en unos pocos minutos y en televisión nacional. Seguramente mis bonos y mi fama están al alza, seguramente lo que acabo de decir en el otro canal televisivo fue de tanta importancia y magnitud, que me extienden una invitación para continuar con la defensa de la honorabilidad del Partido de la Revolución Democrática. Seguro que quedaré muy bien con Andrés Manuel”.

Nada estaba más lejos de la realidad. René, cómodamente sentado en un perfectamente disfrazado banquillo de los acusados, esperaba la voz del “floor manager: prevenido”. René estaría al “aire”, millones de personas que sabían lo que verían, estaban expectantes y listas para ver caer la cabeza del gesticulador del momento.

Millones de personas atestiguaron el derrumbe moral, político y emocional de René Bejarano.

Al iniciar el espacio televisivo y presentar “Brozo” el video de la evidencia, René de inmediato viajó al pasado cercano, de pronto se vio a sí mismo-y no soñaba, estaba despierto-en una habitación que le sería muy familiar, era el lugar donde había estado en compañía su viejo conocido Carlos Ahumada.

Una mesa, un maletín, un costal. Tres artículos que se entrelazaron para tejer y darle forma al hecho. Cuarenta y cinco mil dólares fueron intercambiados del costal al maletín. La escena que René ve, le causa repulsión, la misma que nos causó a todos nosotros cuando vimos el video por primera vez.

René se ve a sí mismo en medio de un éxtasis, en un orgasmo emocional que, como todo orgasmo, le saca de sí mismo para trasladarlo a otro sitio, uno que se encuentra muy lejano de la oficina de Carlos Ahumada, donde se relaciona con el dinero.

Conforme la escena continúa desarrollándose, René la observa, una cámara atiende su rostro, está fija sobre él. La cámara nos muestra el desfiguro, el desplome, el derrumbe, la incredulidad expresada en el rostro de René, que es de tal magnitud que lo tiene al borde del colapso.

Se compone, traga saliva y se da cuenta de todo, está en una trampa de la que no podrá salir. Cual presa en desgracia y sabedora de lo que le espera, René, se rinde ante su cazador; “Voy a decir toda la verdad”.

La vida política de René Bejarano ha terminado, él lo sabe, pero no lo ha digerido. Trata de escapar, pero no lo logra, está bien atrapado. Por siempre, para siempre, René Bejarano será estigmatizado y recordado como el primer político mexicano que lo “agarraron con las manos en–los billetes-la masa” y todo el país se enteró y lo vio.

La máxima de Lord Byron en la que afirmaba que mil años apenas son suficientes para formar un Estado; pero podrían bastar una hora para reducirlo a polvo, se convierte en un aforismo, más aún si lo parafraseamos al analizar lo que le sucedió a René Bejarano y lo aplicamos a su vida personal.

No recuerdo en toda la historia de la televisión mexicana-aunque bien pudiera existir-un caso similar al de él, uno en el que hayamos visto descomponerse a un hombre frente a las cámaras televisivas de tal forma, por lo que vimos y como lo vimos, en la persona de René Bejarano.

Toda una tragedia que vino a ser extensiva a su partido, a su familia, a nuestro país todo. Un suceso privado que al hacerse público trastocó la vida de millones, de miles, de cientos, de unos cuantos, de una en particular, la de Dolores Padierna, su esposa.

René es ahora un hombre que a donde quiera que vaya es conocido por la inmensa mayoría de personas que habitamos este país.

Lo muy lamentable del caso de René Bejarano es que la fama de la que ahora goza, no es el tipo de fama instantánea que “Big Brother” les otorga a sus protagonistas, como el caso del ya famoso chihuahuense Omar Chaparro. La fama de René Bejarano ha marcado negativamente a sus hijos y a sus nietos para siempre, René en verdad que “dejó huella”.

¿Cómo es que una persona llega hasta estos niveles de corrupción? Mediante una paulatina y progresiva degradación de su persona, en sus valores, en su ética, en su moral.

La degradación de la vida humana no comienza con asesinatos en masa, ni con pandillas y violencia, la degradación de la vida humana comienza cuando en un afán de conservar el poder, se usa el insulto, la calumnia y la mentira en el discurso público, así la sociedad pierde el respeto por los fundamentos culturales y morales que le da significado a la vida misma.

No me asustan este tipo de prácticas de hombres y en mujeres sin escrúpulos y sin respeto por nada, ni siquiera para ellos mismos, no me espantan los discursos invectivos que usan los políticos, ni las calumnias que se lanzan entre ellos, pero es una realidad que en lo hacen por una sola razón, la obtención y la retención del poder, un poder que es altamente relativo y que muy frecuentemente no alcanza para librar al ser humano de sus desgracias y que es cuando se da cuenta que en realidad, no era un ser poderoso, sino un ser indefenso y vulnerable, de vidrio.

¿Cómo se corrige? Cuando una moral pública donde la confianza, el decir la verdad y el autocontrol sean virtudes ponderadas por toda la sociedad, entonces ahí puede sostenerse largamente un orden social y democrático que gobierne la relación y la vida de los seres humanos, porque la democracia finalmente es como un cristal muy fino y delgado, que al menor golpe se resquebraja.

Todas las acciones que una persona realiza o lleva a cabo afectarán necesariamente su persona y la de los demás. Afectarán la vida de quienes viven a su alrededor y hasta de quienes ni en el mundo hacer a tal persona. Todos somos afectados por lo que hacemos o por lo que dejamos de hacer. Tanto por lo público y por lo privado.

Hace dos semanas le comentaba en este espacio lo siguiente sobre el efecto mariposa: “Cada acción, por insignificante que parezca, puede ser decisiva, no sólo para nosotros, sino para otros muchos que están en nuestro entorno, incluso podrán afectar a personas lejanas o desconocidas, personas que quizá no han nacido todavía. Es el denominado “efecto mariposa”, de J. Gleick:

“Si hoy una mariposa aletea el aire de Pekín, puede modificar el clima de Nueva York el mes que viene”. Esto lo llamo “el efecto mariposa”. Lo explicó mediante un ejemplo hipotético: Si un meteorólogo alcanzase una previsión muy exacta, mediante complejos cálculos, podría malograrse el pronóstico por no haber considerado el aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. Esta clase de dependencias sucesivas y consiguientes “efectos en cascada” están muy presentes en nuestra existencia.

Cada hecho cotidiano puede alcanzar derivaciones imprevisibles en el futuro, por sus efectos encadenados. Nuestra vida debe ser cuidadosa en todos sus aspectos, pues vamos provocando resultados inducidos que pueden ser trascendentales. Una buena acción origina un buen ejemplo, mismo que puede ser seguido por los demás y alcanzar insospechados frutos.

Al igual que en los procesos de calidad continua, hemos de abogar por las mejoras minúsculas que se amplifican por sus consecutivas secuelas en una dinámica de progreso. En nuestro trabajo, en nuestra vida familiar y social, deberíamos ser más conscientes de cómo trasciende cada pequeño esfuerzo, cada insignificante actuación con un inimaginable resultado final en el destino. La labor de los padres y madres, o la de los docentes, es aún más decisiva por las consecuencias personales y sociales que puede alcanzar.

Es por eso que debemos de ser altamente responsables en todo lo que hacemos, ya que lo privado, sí afectará lo público necesariamente, es por eso que al aletear la mariposa todo se puede alterar y las predicciones descomponer y lo que se descompone no es el clima solamente, lo que se daña es el tejido social, ese que tantas personas quieren que se componga, pero que por no calcular “el efecto mariposa”, no pueden hacer sus proyecciones adecuadamente…” y todo lo que nos ofrecen son soluciones que fallan al aplicarlas porque se aplican desfasadas por no haber calculado el vuelo de la mariposa y su aleteo, mismo que es cada vez más frecuente y del que sólo vemos los efectos que está produciendo y que los vemos ahora en los videos que cada noche nos presentan las noticieros televisivos. Entonces, ¿qué nos falta aún por ver? Eso es El Meollo del Asunto.