Marx Arriaga 2026: La educación no es una trinchera

Por: Daniel Valles.

Marx Arriaga vuelve a estar en el centro del debate educativo nacional.
No por un nuevo modelo pedagógico revolucionario, no por una reforma estructural profunda, sino por un atrincheramiento administrativo que terminó convirtiéndose en espectáculo político.

Más de 70 horas permaneció en el sexto piso de la Secretaría de Educación Pública tras ser notificado del cambio en la naturaleza de su plaza. Exige que su separación sea formal, por escrito y conforme a la ley. En eso, tiene razón: el debido proceso no es opcional.

El problema comienza cuando el asunto deja de ser jurídico y se transforma en cruzada ideológica.

Arriaga sostiene que intentan “descafeinar” la Nueva Escuela Mexicana y llevarla hacia el neoliberalismo.
Habla incluso de refundar la SEP. Pero la Secretaría ha señalado que los ajustes solicitados incluyen más contenidos en lenguas indígenas, formatos accesibles como Braille y macrotipo, mayor presencia de mujeres en la historia nacional y materiales para estudiantes en movilidad.

Si eso es neoliberalismo, entonces el término ha perdido todo significado.

La educación pública no puede convertirse en un templo doctrinal donde cualquier ajuste
sea interpretado como traición al legado de un sexenio.
Los proyectos educativos verdaderamente sólidos sobreviven a las personas.

Aquí es donde la comparación histórica resulta inevitable.

José Vasconcelos construyó bibliotecas y misiones culturales.
Justo Sierra fundó instituciones que aún sostienen al país.
Ambos entendieron que la educación es proyecto de Estado, no herramienta de facción.

Cuando los libros de texto se convierten en bandera de grupo, dejan de ser instrumentos pedagógicos y se transforman en armas ideológicas.

La presidente ha afirmado que la esencia de la Nueva Escuela Mexicana no cambiará.
Entonces la pregunta es clara: ¿qué se está defendiendo realmente?
¿Un modelo pedagógico o una posición política?

La educación mexicana necesita continuidad institucional, evaluación seria,
mejora permanente y menos dramatización política.

Ningún funcionario es indispensable. Ningún proyecto depende de una sola persona.
Si así fuera, entonces no sería proyecto educativo, sería liderazgo personalista.

Marx Arriaga tiene derecho a exigir formalidad en su salida.
Lo que no puede reclamar es el monopolio moral de la educación nacional.

La SEP no necesita refundaciones retóricas cada seis años. Necesita estabilidad, calidad y apertura académica.

La educación no es una trinchera. Es responsabilidad histórica.

Ahí está El Meollo del Asunto.