Sarampión: cuando el gobierno llega tarde, la gente sufre.

Por: Daniel Valles.

México no tiene hoy un problema de sarampión. Tiene un problema de irresponsabilidad política acumulada.

Decir que “hay suficientes vacunas”, como lo afirmó la presidente Claudia Sheinbaum, no es una solución, sino un intento de contención discursiva. Las vacunas no sirven para borrar contagios ya activos, ni para cerrar cadenas de transmisión que nunca debieron abrirse.

El sarampión regresó porque el Estado bajó la guardia durante años. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador,la vacunación dejó de ser prioridad nacional. Se rompieron calendarios, se interrumpieron esquemas y se sustituyó la ciencia por la narrativa política.

El resultado es brutal: brotes en las 32 entidades, miles de contagios y muertes evitables. Esto no es mala suerte. Esto es negligencia estructural.

Chihuahua encabeza la lista de contagios no por casualidad, sino por su condición fronteriza y por la alta movilidad humana. Cuando un virus encuentra población no vacunada, hace lo único que sabe hacer: propagarse.

Hoy el gobierno afirma que hay vacunas. Pero la pregunta es inevitable: ¿dónde estaban cuando se necesitaban? ¿Quién decidió que no era urgente?

La salud pública no admite ideología, no perdona soberbia y no negocia con discursos. México enfrenta ahora el riesgo de perder su certificación como país libre de sarampión, con el consecuente descrédito internacional.

El sarampión no regresó solo. Lo trajeron de vuelta la omisión, la improvisación y la arrogancia política. Hoy hay vacunas, sí, pero llegaron tarde. Y en salud pública, llegar tarde también mata. Así es El Meollo del Asunto.