El Padre: gran ausente de la posmodernidad.

Por: Daniel Valles.

Todos los miércoles escribo sobre la Familia. Su papel preponderante en la sociedad. Esto lo tenía en pausa, pero lo he retomado en esta época. El motivo ha sido que al mismo tiempo he lanzado el tema, en mi programa de radio. Así entonces, este es el tema.

Durante años, el discurso sobre la familia ha girado en torno a la madre. Ella, con justicia, ha sido exaltada como símbolo de amor y sacrificio. Pero mientras tanto, el padre ha ido desapareciendo del mapa emocional y moral del hogar. No porque haya dejado de existir, sino porque la cultura moderna le quitó el micrófono.

Hoy, ser padre parece un oficio a la defensiva. Si ejerce autoridad, se le acusa de autoritario; si se retrae, de indiferente. Vive atrapado entre el deber de proveer y el temor de parecer opresor. En ese equilibrio imposible, muchos optan por la neutralidad. Pero la neutralidad paterna es tan dañina como la ausencia.

En México, apenas el 4.7 {1105b1c10a0affa7766df1f76bc47c1190965edc1d61df2afaaabcca5418c060} de los hogares familiares están encabezados por un hombre sin madre presente, de acuerdo con el estudio Las Familias en México 2020, elaborado por la Universidad Anáhuac. Y aunque la cifra parece pequeña, representa millones de hogares donde el padre debe asumir en solitario la educación, el sustento y el ejemplo. En contraste, el número de hogares encabezados por mujeres se ha disparado: más de 6.2 millones, según el INEGI 2024.

En Ciudad Juárez,la tendencia es más marcada: 66 {1105b1c10a0affa7766df1f76bc47c1190965edc1d61df2afaaabcca5418c060} de las viviendas tienen jefe hombre y 34 {1105b1c10a0affa7766df1f76bc47c1190965edc1d61df2afaaabcca5418c060} jefa mujer, pero solo alrededor del 6 {1105b1c10a0affa7766df1f76bc47c1190965edc1d61df2afaaabcca5418c060} de los hogares están realmente dirigidos por un padre sin madre presente, de acuerdo con el estudio Hogares y pobreza en Ciudad Juárez (RedALyC, 2011). Es decir, seis de cada cien hogares dependen exclusivamente del liderazgo masculino, en un contexto económico y social que no siempre los respalda.

Y no hablamos solo del padre que se fue, sino del que se quedó… pero se desconectó. El padre “presente ausente”: el que vive en casa, pero emocionalmente no está. A veces por el trabajo, a veces por el celular, a veces por la comodidad de delegar. El resultado: hijos sin guía, adolescentes sin contención y jóvenes que buscan en las calles la figura que no encontraron en su hogar.

Un padre no es un amigo con barba. Es una figura de estructura, coherencia y propósito. Su tarea no es competir con la madre, sino complementarla. Ella nutre, él estructura. Y cuando uno falta, el otro se desgasta intentando suplir lo que no puede sustituirse.

Restaurar la figura del padre no es nostalgia de los años cincuenta, es estrategia de supervivencia social. Un niño con padre presente tiene más probabilidades de crecer con rumbo, carácter y esperanza.

El padre no necesita ser perfecto, necesita estar. Firme, amoroso, coherente. No de visita ni de pensión, sino como líder moral de su hogar.

La familia mexicana no necesita padres “modernos”, sino padres comprometidos, de esos que educan con el ejemplo y aman con límites. Ahí, El Meollo del Asunto.