Por: Daniel Valles.
El 10 de septiembre, víspera de una fecha cargada de símbolos, cayó Charlie Kirk, líder conservador de apenas 31 años, fundador de Turning Point USA.
Un francotirador-hombre o mujer-lo abatió en un evento universitario en Orem, Utah. Asistían unas 3,000 personas. Lo mató la bala, pero en realidad lo asesinó el fanatismo.

Charlie no era un santo, ni tampoco un demonio. Era de derecha, sí. Defendía la vida desde la concepción, criticaba el socialismo, hablaba de libertad económica y se oponía a la violencia.
En un país donde la etiqueta “ultra derecha” se lanza como piedra para descalificar, a Charlie lo encajonaron ahí. Igual que los de izquierda radical son encasillados en “ultra izquierda”. Lo cierto es que los “ultras”, sean del color que sean, terminan siendo lo mismo: intolerantes y tiranos.
Algunos lo llamaban “racista”. Pero, ¿de verdad lo era? Muchos de sus críticos jamás lo escucharon, solo leyeron lo que otros opinaban de él. En esta cultura digital de etiquetas y memes, la caricatura pesa más que el argumento. Y así se fabrican monstruos de paja que luego alguien cree legítimo derribar.
Aquí está el Meollo de este Asunto: estar en contra del aborto no es odiar a las mujeres. Criticar al socialismo no es desear la muerte de los socialistas. Defender un sistema económico distinto no es querer exterminar al contrario. Eso no es extremismo. Extremismo es callar al otro con un balazo en lugar de un argumento.
Algunos medios y opinadores-hombre y mujeres-cargan con su parte de culpa. Al repetir etiquetas sin contexto, alimentan la hoguera. Y siempre aparece un fanático-hombre o mujer-que se cree justificado para dar el tiro final.
Normalizar la violencia política es cavar la tumba de la democracia.
Charlie deja viuda y dos hijos pequeños. Ellos cargarán con la orfandad. Pero la sociedad carga con algo más grave: el precedente de que matar al adversario es opción. Si no aprendemos a escuchar sin fusilar —literal o metafóricamente—, el debate público habrá muerto junto con Charlie Kirk.
La situacioón es está: ¿seguiremos polarizando hasta que el rifle sustituya la razón, o tendremos el valor de debatir sin disparar? Ahí El Meollo del Asunto.