Por: Daniel Valles.
Tres de cada diez mexicanos viven en pobreza. Así lo dice la última medición del Inegi, que en 2024 reportó 38.49 millones de personas en esta condición. Una reducción importante respecto a 2022, cuando eran 46.8 millones. Un 17.7{1fce360350f023bb12764bc5e96e10c2ff6b08d5a5149b06aa955d3cd783fe96} menos. Un aplauso, sí… pero con las manos a medio abrir, porque la cifra sigue siendo un drama nacional.
La pobreza en México no es un accidente: es una constante. En el sexenio de Enrique Peña Nieto, el Coneval decía lo mismo: “bajó la pobreza, pero…” Ese “pero” siempre es más grande que la reducción. Ahora, con Andrés Manuel López Obrador, el “pero” tiene el mismo apellido: seguridad social. La mitad del país sigue sin acceso a ella, aunque se presuma que bajó casi diez puntos respecto a 2018.
Metodología hay una sola: la Medición Multidimensional. Mismos seis indicadores: rezago educativo, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos y alimentación. Lo que cambió fue el mensajero: de Coneval pasó a Inegi. Y como ocurre en la política, cambiar al vocero no cambia la realidad.

Sí, hay que reconocerlo: entre 2022 y 2024 la reducción fue más marcada que en cualquier bienio de Peña Nieto. Parte se explica por la recuperación pospandemia, los aumentos al salario mínimo y los programas de transferencias. Pero cuidado: una baja acelerada también puede esconder fragilidad; si el impulso es artificial, la caída puede ser igual de abrupta.
La pobreza es la foto más clara del fracaso o éxito de un gobierno. Y aquí la similitud entre ambos sexenios es innegable: la cifra baja, la pobreza extrema se reduce, pero el núcleo del problema —empleos formales y acceso a seguridad social— sigue sin resolverse. En otras palabras, el paciente ya no tiene fiebre alta, pero la infección sigue ahí.
Quien gobierna presume lo que baja, pero calla lo que se mantiene. Porque admitir que la seguridad social es la carencia número uno es aceptar que millones trabajan y viven fuera del circuito formal, sin ahorro para el retiro, sin pensión y sin red de protección. Eso no lo arregla un discurso ni un “dato bueno” en la estadística. Ahí, El Meollo del Asunto.