El gusano barrenador y la política ganadera que sí es plaga.

Por: Daniel Valles.

Si usted no lo sabía, se lo digo sin rodeos: Estados Unidos acaba de cerrar su frontera a la exportación de ganado en pie proveniente del sur de México por un solo motivo. No es el narco. No es la política migratoria. Es un bicho. Un insecto. Un parásito: el gusano barrenador del ganado.

Pero el verdadero problema no es el insecto. El problema, como siempre, está en la negligencia política, en la soberbia administrativa y en la incapacidad para entender que la sanidad no es solo veterinaria, también es diplomática.

El gusano barrenador —Cochliomyia hominivorax, si quiere sonar interesante— es una larva que nace en heridas abiertas y se come vivo al animal. Literal. Una mosca pone sus huevecillos en la herida y lo demás es horror. Ya estuvo erradicado de México gracias a un programa binacional que funcionaba como reloj suizo. Vacunas, vigilancia, coordinación aérea, fronteriza y presupuestal. Pero como muchos programas exitosos, fue desmantelado por falta de atención, dinero y visión.

¿Y qué cree? Que ahora el gusano volvió. Y con él, las restricciones.

Estados Unidos tiene tolerancia cero a la reintroducción de este parásito en su territorio. Lo erradicó en los 80 y no está dispuesto a pagar otra vez por los errores ajenos. Por eso, cerró su frontera a ganado vivo procedente de regiones mexicanas como Chiapas, Campeche y Tabasco. Lo que se dice un embargo sanitario. Legal, fulminante y con consecuencias económicas que ya están pegando

Los ganaderos del sur están furiosos. Y con razón. Lo que se ha perdido en dólares por esta suspensión equivale a meses de trabajo, exportaciones detenidas, empleos colgando de un hilo. ¿Y el gobierno mexicano? Brilla por su silencio. Como si el tema fuera una molestia menor o un invento del Tío Sam.

Pero no. La Secretaría de Agricultura de Estados Unidos ya hizo oficial el brote. Y la FAO también. El gusano barrenador es real. Está aquí. Y si no se actúa, la plaga será también política.

El asunto es delicado porque va más allá del ganado. El gusano barrenador es la metáfora perfecta del deterioro institucional: un problema que empieza pequeño, se ignora, y luego se vuelve incontrolable. Como los recortes a programas técnicos. Como la falta de diálogo con socios comerciales. Como la soberbia diplomática de pensar que Estados Unidos “no se va a atrever” a cerrar la frontera.

Pues se atrevió. Ya lo hizo. Y lo volverá a hacer si México no responde con seriedad.

Lo paradójico del caso es que este no era un conflicto inevitable. Había protocolos, acuerdos y monitoreos. Pero fueron abandonados o mal ejecutados. Y ahora, lo que no se hizo en prevención, habrá que pagarlo en contención.

Porque una mosca sí puede cruzar la frontera. Pero el ganado mexicano ya no. Ahí, El Meollo del Asunto.