Campesinos sin soluciones: El país al borde del desorden.

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Por: Daniel Valles.

Hay momentos en que un país deja de avanzar y simplemente deriva. México acaba de entrar en esa fase. Y no por falta de discursos —de esos estamos saturados—, sino porque el campo, que es el músculo silencioso de la nación, dijo: “hasta aquí”. Y cuando el campo habla, más vale escucharlo. El Gobierno Federal, en cambio, decidió regañarlo.

La escena que vivimos en la frontera norte no necesita adjetivos: cinco cruces internacionales cerrados, el comercio detenido, la maquila respirando por tubos y Juárez entrando en modo de economía sitiada. ¿La razón? Un gobierno decidido a sostener un concepto de “bienestar” que reparte dinero como si fueran estampitas, pero que deja fuera a quienes producen los alimentos que sostienen ese mismo bienestar.

Los números son fríos, pero aquí queman: más de 7,600 tráileres detenidos, cerca de 500 millones de dólares en mercancía varada, líneas de producción detenidas y gasolineras que comienzan a cerrar. Un dominó perfecto donde la primera ficha la tiró la propia presidente Sheinbaum, cuando decidió que el campo debía ajustar sus aspiraciones, pero el Gobierno no.

Y sí, hay compras de pánico. El mexicano podrá soportar muchas cosas, menos la sospecha de que no habrá huevo mañana. Aristóteles decía que la política existe para evitar que la polis caiga en zozobra. Pues bien, hoy la polis huele a zozobra.

La presidente, con un gesto aprendido en la escuela de su antecesor, afirma que detrás de los bloqueos hay “intereses políticos” y “demandas ilegítimas”. Falta que diga que son conservadores financiados por la CIA. El argumento ya es parte del “mobiliario del poder”.

Pero el campo no protesta por deporte. Protesta porque lo abandonaron. Porque sin precios de garantía reales, sin combustible accesible, sin créditos productivos, el bienestar se vuelve un eslogan vacío. Porque un país no puede comer becas, ni sembrar tarjetas, ni cocinar programas sociales.

La tragedia es que el presupuesto 2026 lo confirma: el gasto electoral disfrazado de apoyo social sigue siendo el rey del baile. Y al campesino, al transportista y al productor… que Dios los agarre confesados.

La historia es terca. En 1910, cuando el campo dejó de aguantar, México ardió. No por teorías políticas, sino por hambre. Cuando falta tortilla, sobran valientes.El Gobierno debería tomar nota. Porque hoy ya tenemos al campo incendiado, a la frontera paralizada y a un país que no necesita más discursos: necesita certidumbre.

¿Qué viene? Si no se abre el flujo comercial, Juárez verá desabasto. Y el desabasto genera irritación social. Nada más inflamable que la mezcla de hartazgo y estómagos vacíos. Si no hay soluciones, este conflicto puede escalar a niveles indeseados. Y si el Gobierno sigue creyendo que el bienestar se decreta, entonces el país está entrando a la zona de riesgo.

El bienestar no es un programa.

El bienestar es que México no tenga hambre.

Y el campo ya avisó que no puede sostener esto solo.

Ahí, El Meollo del Asunto.