Por: Daniel Valles
A la marihuana la han querido vestir de salvadora. Le llaman medicina, paz, terapia alternativa, alivio para la ansiedad y hasta “derecho humano”. Pero cuando el humo se disipa, quedan los hechos. Y estos, como las cuentas claras, no se llevan con la propaganda.
Holanda, el país ícono de la tolerancia cannábica, nos enseñó que permitir la venta de marihuana en coffee shops mientras se mantiene ilegal su producción es como vender refrescos sin fábrica: el mercado negro la surte. Y con él vienen mafias, control territorial, lavado de dinero y una cadena de distribución fuera de toda regulación. Bonito experimento liberal… con consecuencias criminales.
Hoy, los Países Bajos ensayan una regulación completa: desde el cultivo hasta el mostrador. Lo hacen no porque estén convencidos del éxito del modelo anterior, sino porque los agujeros legales les salieron más caros que el negocio mismo. Les llevó casi 50 años admitirlo (Fuente: Sensi Seeds – Cannabis en los Países Bajos.

Portugal, en cambio, fue más serio. En 2001 despenalizó todas las drogas, sí, pero no las legalizó. Nadie te lleva preso por tener una dosis personal de cannabis. Pero tampoco puedes venderlo, ni cultivarlo. El consumo se trata como problema de salud pública. Punto. ¿Resultado? Menos adictos, menos muertes, menos presos. Pero no hay coffee shops, ni promoción, ni romanticismo con la hierba (Fuente: Sensi Seeds – Cannabis en Portugal: https://sensiseeds.com
Y ahora, México. El país de las ocurrencias legislativas. Donde se discute legalizar el cannabis con argumentos de libertad, recaudación fiscal y moda. Sin importar las consecuencias para la salud, la seguridad o la juventud. Sin infraestructura médica para tratar adicciones. Sin capacidad policial para vigilar la cadena de producción. Y con un mercado criminal más poderoso que el Estado.
Legalizar sin cabeza, sin estudio, sin estrategia y sin autoridad real para controlar lo legalizado… es suicida.
La experiencia de Holanda muestra lo que pasa cuando se legisla por ideología y no por lógica. La de Portugal, lo que ocurre cuando se pone la salud pública por encima del discurso. México aún está a tiempo de aprender. Pero con un Congreso que huele más a humo que a responsabilidad, no apuesten por ello. Pues no les va a gustar, El Meollo del Asunto.