Por: Daniel Valles.
En abril pasado escribimos sobre las llamadas Casas del Bienestar. Entonces señalamos que el proyecto podía ser políticamente atractivo, socialmente necesario y electoralmente rentable, pero técnicamente inviable en los terrenos seleccionados. No porque estemos en contra de que las familias de menores ingresos tengan una vivienda, sino porque conocemos Ciudad Juárez, su crecimiento desordenado y, particularmente, sus problemas con el agua.

La experiencia que tenemos en cuestiones hidráulicas nos daba la perspectiva y la seguridad para hacer aquella advertencia. En esta ciudad no basta con encontrar un terreno disponible, limpiarlo, dividirlo y comenzar a levantar paredes. Antes de colocar el primer ladrillo es necesario saber de dónde saldrá el agua, cómo llegará, dónde se almacenará y por qué colectores correrán las descargas. Una vivienda no comienza con los cimientos. Comienza con la factibilidad de los servicios que la harán habitable.
Cuatro meses después, Mario Mata Carrasco, director ejecutivo de la Junta Central de Agua y Saneamiento, confirma prácticamente lo mismo que dijimos entonces: los terrenos elegidos carecen de agua, drenaje, colectores e infraestructura de cabecera. Tampoco existen las concesiones necesarias para garantizar el abastecimiento.
No estamos hablando de pequeños detalles que puedan resolverse colocando una manguera más larga. Estamos hablando de las condiciones mínimas para construir una comunidad.
Mata Carrasco merece ser reconocido porque ha mantenido una postura congruente. En abril advirtió que la infraestructura hidráulica necesaria para las Viviendas del Bienestar costaría alrededor de dos mil millones de pesos solamente en Ciudad Juárez. También señaló que los recursos debían ser aportados por la Federación o por los organismos responsables de construir las viviendas. Ahora vuelve a decirlo con mayor claridad: la Junta puede colaborar, pero si asume ese gasto tendría que desatender otros proyectos que la ciudad necesita.
Eso es hablar con responsabilidad. Mata no se opone a las viviendas económicas ni pretende dinamitar el proyecto. Al contrario, ha dicho que entiende su necesidad y que debe encontrarse una solución. Pero una cosa es apoyar la construcción de vivienda social y otra muy distinta guardar silencio ante una decisión técnicamente equivocada. La lealtad institucional no exige hacerse el ciego, mucho menos cuando se administra un recurso tan limitado como el agua.
El funcionario también ha señalado directamente al Gobierno municipal. ¿Por qué se seleccionaron terrenos sin infraestructura? ¿Quién autorizó o permitió que el proyecto avanzara sin garantizar previamente su factibilidad? ¿Por qué se esperó hasta ahora para descubrir que no hay colectores, drenaje, agua ni concesiones?
La respuesta parece encontrarse en una vieja costumbre de la política mexicana: primero se anuncia, después se improvisa y finalmente se busca a quién culpar.
El gobierno mexicano insiste tercamente en perpetuar el mismo criterio. La prioridad no es determinar si un proyecto puede realizarse correctamente, sino anunciarlo cuanto antes, colocarle la palabra «Bienestar» y confiar en que la realidad tenga la cortesía de acomodarse al discurso.
Pero el agua no milita en partido alguno.Tampoco responde a conferencias matutinas, ceremonias, lonas o boletines. Si no existe una concesión, no aparece por decreto. Si no hay infraestructura, no brota porque algún funcionario se tome una fotografía señalando el terreno. Y si las redes de la ciudad ya trabajan bajo presión, conectar miles de viviendas sin hacer las inversiones necesarias solamente trasladará el problema a otras colonias.
Mario Mata advierte ahora que encontrar terrenos alternativos podría requerir tres o cuatro meses. Esto significa que el proyecto no estaba listo cuando se presentó como si lo estuviera. También revela que no se realizó con oportunidad el trabajo técnico elemental: revisar disponibilidad de agua, infraestructura sanitaria, ubicación de colectores, costos y capacidad real del sistema.
Nosotros lo advertimos desde abril porque conocemos la historia hidráulica de Juárez. Sabemos que durante décadas la ciudad ha permitido que las casas lleguen antes que los servicios. Primeroaparecen los fraccionamientos; después las bajas presiones, las pipas, las ampliaciones urgentes y las inversiones que nadie había presupuestado. Cambiarle el nombre a ese modelo y llamarlo Bienestar no lo convierte en planeación.

La vivienda social es necesaria. Negarlo sería insensible y absurdo. Miles de familias necesitan una casa accesible. Precisamente por eso el programa debía planearse con mayor seriedad. Las personas beneficiarias no merecen recibir una llave para descubrir después que detrás de la puerta hay una vivienda sin agua suficiente, drenaje adecuado o servicios garantizados.
El problema no es la finalidad del programa, sino la terquedad de aplicar criterios políticos donde deberían mandar los criterios técnicos. Quieren que el calendario electoral determine los tiempos de la infraestructura, como si los pozos entendieran de encuestas y los colectores aceptaran promesas como forma de pago.
En abril advertimos que construir primero y resolver el agua después era una irresponsabilidad. Mario Mata Carrasco sostuvo la misma observación desde su responsabilidad técnica. Agosto nos dio la razón a ambos. Lamentablemente, tener razón en estos asuntos no produce satisfacción. Produce preocupación.
Porque cuando la política se empeña en construir sobre terrenos inviables, la realidad siempre termina cobrando la factura. Y esa factura rara vez la pagan quienes hicieron el anuncio. La pagan las familias que confiaron en él. Y eso es, El Meollo del Asunto.