Chihuahua dice No al lenguaje inclusivo.

Por: Daniel Valles.

Chihuahua dice No al lenguaje inclusivo.

Por: Daniel Valles.

El uso del lenguaje inclusivo en español es innecesario. Han sido legisladores del ala más radical de la izquierda quienes han promovido su uso. Han tomado del inglés los ejemplos ya que, ese idioma no es inclusivo per se, como sí lo es el español, que con una palabra incluye tanto a hombres como a mujeres, sin la necesidad de decir ‘ellos’ o ‘ellas’, como sí lo requiere el inglés.

¿Por qué lo hicieron? Una hipótesis periodística que tengo es que todos los conceptos de la ideología de género han sido incorporados a las legislaturas y al sistema educativo mexicano mediante un simple ‘copiar y pegar’ o copy paste, como dicen, para introducir al mismo tiempo la conocida ideología de género.

Así llegamos a la aberración perniciosa de destruir, entre otras cosas, el lenguaje que hablamos en México y en la mayor parte del continente americano.

Ha sido el Congreso del Estado de Chihuahua, que se convirtió en el primero del país en poner freno al lenguaje inclusivo dentro del ámbito educativo.

Con la aprobación de la reforma al artículo 8 de la Ley Estatal de Educación, se estableció que, las autoridades escolares deberán promover el uso correcto de las reglas gramaticales y ortográficas del idioma español en todos los niveles educativos.

El diputado Carlos Olson San Vicente, del PAN, fue quien presentó la iniciativa. En su exposición de motivos señaló que “proteger las normas lingüísticas del idioma español” es esencial para mantener la claridad y la disciplina mental en el aprendizaje. Y tiene razón. Una lengua fragmentada es una sociedad confusa.

Durante el debate, las diputadas de Morena se opusieron con la vehemencia habitual, argumentando que se atentaba contra la “inclusión” y la “diversidad”. Pero el verdadero atentado es contra la lógica y la gramática.

La Real Academia Española (RAE) ya lo ha dicho: el español es una lengua inclusiva en sí misma; no necesita injertos ideológicos. En su informe de 2020, la institución advirtió que el uso de fórmulas como todes, les niñes o compañeres carece de base lingüística y resulta innecesario en el idioma.

No sólo Chihuahua se ha rebelado. En América Latina, países como El Salvador han legislado también para prohibir el uso del lenguaje inclusivo en documentos oficiales y educativos. El presidente Nayib Bukele justificó su decisión al señalar que “el idioma es un patrimonio cultural que no debe ser manipulado por ideologías”. En Argentina, el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires prohibió el uso del “lenguaje inclusivo” en las aulas en 2022, porque —según su argumento— interfiere con el proceso de alfabetización y comprensión lectora. En Uruguay y Chile, instituciones educativas privadas han seguido el mismo camino, regulando su uso por razones de claridad y eficacia pedagógica.

En México, otros estados como Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro ya analizan iniciativas similares a la de Chihuahua. Los legisladores locales argumentan que no se trata de una batalla ideológica sino de preservar la estructura del idioma, proteger la educación de los niños y evitar que la escuela se convierta en un laboratorio de ingeniería social.

El español no necesita muletas ideológicas. Necesita respeto. Porque quien controla el lenguaje, controla el pensamiento, y quien manipula el lenguaje, manipula la realidad.

Chihuahua ha dado un paso valiente —y lógico— al defender el idioma de los mexicanos frente a la moda del sinsentido. Ahí El Meollo del Asunto.