Chihuahua primer campo de batalla rumbo al 2027

Por: Daniel Valles.

“La democracia necesita fronteras, necesita un Estado-nación… la gente define así su lugar de pertenencia y afianza su sentido de nacionalidad”.

Lo visto en la capital del estado de Chihuahua este sábado pasado en la llamada marcha vs Maru, mostró que la democracia en México, entendida como el lugar de pertenencia, no existe. Sí hay intereses partidistas. Lo que demuestra el gran egoísmo y narcisismo de todos.

La marcha fue un éxito y fue un fracaso. Depende a quién se le pregunte. Lo cierto es que la marcha por la soberanía apenas juntó unas tres mil personas y un bloqueo a contingentes que no podrían llegar. ¿Cuántos eran? Nadie sabe, nadie supo y se podrá decir lo que quieran. Una cosa que sí se vio fue la gran incisión causada desde el 2018, con la administración del último presidente que México tuvo. La marcha por la soberanía de Morena apenas logró una nota menor en uno que otro medio del centro de la república.

Lo verdaderamente importante no fue la cantidad de personas. Fue el mensaje político detrás del evento.

Chihuahua se convirtió oficialmente en el primer laboratorio electoral rumbo al 2027.

Morena vino a medir músculo.
El PAN salió a defender plaza.
Movimiento Ciudadano aprovechó para colocarse como tercera vía.
Y el PRI, aunque disminuido, volvió a utilizar el discurso del narcoestado como eje de ataque.

Todos comenzaron campaña.

LA VERDADERA LECTURA POLÍTICA.

La movilización encabezada por Ariadna Montiel y Andrés Manuel López Beltrán no fue realmente una marcha por la soberanía.

Fue una demostración de fuerza. Un ensayo general.

Morena busca convertir a Chihuahua en símbolo nacional de confrontación política contra el PAN y particularmente contra Maru Campos.

El discurso central giró alrededor de:
– la presencia de agentes de la CIA en operativos en Chihuahua,
– acusaciones de “entreguismo”,
– y el anuncio formal de iniciar una campaña nacional de firmas para solicitar juicio político contra Maru Campos.

Pero el problema es otro.

La narrativa nacionalista de Morena choca con una realidad incómoda:
la ciudadanía parece más preocupada por seguridad, economía y violencia, que por soberanía discursiva.

EL CHOQUE DE NARRATIVAS

Morena dijo:
“20 mil personas”.

La oposición dijo:
“No llegaron ni a 500”.

Otros cálculos periodísticos estimaron cerca de tres mil asistentes.

Y ahí aparece el fenómeno más mexicano de todos: la verdad dejó de importar.
Importa la percepción.

Cada grupo político construyó su propia realidad paralela.

Para Morena: la movilización mostró respaldo popular y rechazo al “intervencionismo”.

Para PAN, PRI y MC:
la marcha fue un fracaso, una cortina de humo y un intento de distraer de los señalamientos sobre vínculos del oficialismo con el crimen organizado.

CHIHUAHUA COMO SÍMBOLO NACIONAL

Lo delicado es que Chihuahua ya no aparece únicamente como un estado fronterizo.

Ahora aparece como:
– territorio de disputa nacional,
– laboratorio político,
– y escenario simbólico de la confrontación entre Morena y la oposición.

Por eso estuvieron presentes:

– Ariadna Montiel,
– Andy López Beltrán,
– Andrea Chávez,
– y Cruz Pérez Cuéllar.

No vinieron solamente a marchar. Vinieron a posicionar candidatos, medir rechazo, probar capacidad territorial y preparar narrativa para 2027.

EL PROBLEMA DE FONDO: LA FRACTURA SOCIAL

Aquí aparece el verdadero tema.

La polarización ya dejó de ser política. Ahora es emocional.

México se convirtió en un país donde:
– el adversario ya no piensa distinto,
– ahora “traiciona”,
– “vende la patria”,
– “es narco”,
– “es corrupto”,
– “es enemigo del pueblo”.

Y eso es peligrosísimo para cualquier democracia.

Porque cuando desaparece el sentido de nación,
solamente queda el tribalismo político.

La marcha dejó ver precisamente eso: dos Méxicos incapaces de escucharse.

Y MIENTRAS TANTO…

Mientras todos pelean:
– Chihuahua sigue enfrentando violencia,
– presión económica,
– renegociación del T-MEC,
– crisis hídrica,
– pérdida de empleos,
– y una percepción internacional deteriorada por narcotráfico y violencia fronteriza.

Movimiento Ciudadano incluso aprovechó para recordar que Chihuahua representa cerca del 14{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} de las exportaciones nacionales y que la discusión económica real quedó completamente desplazada por la politiquería. Y ahí está el verdadero vacío.

Todos hablan de soberanía.
Pero pocos hablan de productividad.
Todos hablan de patria.
Pero pocos hablan de cómo sacar adelante a las familias.

La marcha de Chihuahua no definió quién ganó.

Definió algo peor: que México ya entró oficialmente en modo electoral permanente.

Y cuando un país vive en campaña perpetua:
– se gobierna menos,
– se confronta más,
– y se destruye lentamente el sentido de pertenencia nacional.

La democracia necesita ciudadanos.
No fanáticos.

Porque cuando todo se reduce a:
“si no piensas como yo, eres enemigo”,
entonces ya no existe democracia.

Existe sectarismo político.

Y eso… sí pone en riesgo la soberanía nacional. Ahí, El Meollo del Asunto.