Por: Daniel Valles.
Han salido algunas encuestas sobre la titular del ejecutivo federal y su partido, Morena. Los resultados, no podrían ser más disímbolos.
Mientras una presenta un país prácticamente satisfecho, estable y optimista, la otra dibuja un gobierno desgastado, con pérdida de control y una caída importante en la percepción pública. Dos Méxicos distintos. Dos fotografías políticas incompatibles. Y, sin embargo, ambas aseguran estar mostrando “la realidad”.

La encuesta de De las Heras Demotecnia coloca a Claudia Sheinbaum en una posición bastante sólida.
Según sus números:
– 72{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} tiene opinión positiva de ella,
– 66{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} aprueba al gobierno,
– 54{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} considera que el país está mejor desde 2024,
– y 69{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} votaría porque continuara en el cargo en caso de una eventual revocación.
Además, la encuesta sostiene que los programas sociales, la cercanía con la gente y la atención a mujeres y jóvenes son los aspectos mejor evaluados. Incluso, 75{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} considera que mejoraron los derechos de las mujeres.
Dicho así, parecería que Morena navega tranquilo rumbo al 2027 y al 2030. Como si el país estuviera entrando a una etapa de estabilidad política casi irreversible.
Pero luego aparece la encuesta de Lorena Becerra y el paisaje cambia brutalmente.
Ahí, la aprobación presidencial cae de 80{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} en marzo de 2025 a 59{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} en mayo de 2026. Una caída de 21 puntos. La desaprobación sube de 15{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} a 39{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5}. Morena también pierde fuerza en percepción positiva.
Y quizá el dato más delicado:
68{92a4578a424a8a0b1ff863c7ffcbaa31ff11f452352ab54391861a7eae0fd7e5} considera que la titular del ejecutivo federal está perdiendo el control del país.
No es cualquier cosa.
Porque el poder político moderno depende enormemente de la percepción de control. Un gobierno puede soportar crisis económicas, inseguridad o escándalos, siempre y cuando conserve la sensación de conducción. Cuando la ciudadanía comienza a percibir desorden, desgaste o incapacidad de gobernabilidad, la erosión política acelera.
Ahí entra uno de los grandes problemas de Morena:
la narrativa ya no controla completamente la realidad.
La inseguridad continúa siendo uno de los temas peor evaluados. También corrupción, medicamentos y combate al crimen organizado.
Y eso importa mucho más de lo que algunos estrategas creen.
Porque el ciudadano puede simpatizar emocionalmente con un líder pero simultáneamente sentirse inseguro, cansado o frustrado con el funcionamiento cotidiano del país.
Aquí aparece el detalle metodológico que muchos pasan por alto y que, casualmente, suele ser donde habita el verdadero negocio de las encuestas.
No es lo mismo preguntar:

“¿Qué opinión tiene usted de Claudia Sheinbaum?”
que preguntar:
“¿Aprueba usted la forma en que gobierna?”
La primera mide percepción emocional.
La segunda mide resultados.
Y ahí cambia completamente el juego.
Porque la política moderna ya entendió algo:
las palabras construyen realidades.
El orden de las preguntas importa.
El tono importa.
La redacción importa.
El momento del levantamiento importa.
Incluso importa quién paga el estudio.
Las encuestas dejaron hace mucho de ser simples instrumentos estadísticos. Hoy también son herramientas narrativas.
No necesariamente fraudulentas.
Pero sí profundamente interpretativas.
Algo parecido ocurre cuando un médico pregunta:
“¿Cómo se siente?”
o cuando pregunta:
“¿Dónde le duele?”
Parecen similares. No lo son.
Una encuesta puede fabricar sensación de estabilidad. Otra puede construir sensación de desgaste. Y ambas pueden estar técnicamente bien hechas.
Por eso resulta ingenuo asumir que las encuestas son matemáticas puras. La sociología, la psicología política y la comunicación estratégica intervienen permanentemente en los resultados.
El problema aparece cuando el ciudadano deja de analizar los métodos y simplemente consume titulares.
Entonces ya no piensa:
reacciona.
Y ahí Morena ha sido particularmente hábil durante años:
construyendo clima emocional.
Pero también es cierto que el desgaste natural del poder comienza a aparecer. La inseguridad no desaparece con conferencias. La corrupción no se elimina con slogans. Y la percepción pública termina chocando tarde o temprano contra la experiencia cotidiana de las personas.
La pregunta de fondo no es cuál encuesta dice “la verdad”.
La pregunta correcta es:
¿qué intereses, enfoques, metodologías y objetivos hay detrás de cada medición?
Porque las dos encuestas existen.
Las dos usan metodología.

Las dos presentan números.
Y las dos dibujan países políticos distintos.
Una muestra una presidenta fortalecida.
La otra, una presidenta desgastada.
Y justamente ahí aparece el verdadero problema de nuestro tiempo:
la percepción compite contra la realidad todos los días.
Por eso, los resultados de una encuesta siempre estarán sujetos a:
– la metodología,
– el tipo de pregunta,
– el universo consultado,
– la fecha del levantamiento,
– y también, al sesgo que cada encuestadora le quiera dar.
Por eso conviene mirar ambas.
Porque entre números, narrativas, metodologías y propaganda… todavía hace falta encontrar: El Meollo del Asunto