El regreso a la fe entre los jóvenes.

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Por: Daniel Valles.

Karl Marx, habló de opio, al referirse a lo sagrado, a la fe, a la religión. Fue un ataque directo. El efecto de ello se ha sentido hasta el día de hoy. Sin embargo, es un hecho que, las personas, todas, tenemos necesidad de tener una fe que trascienda. Es decir, una creencia que combata la insatisfacción humana interna que se genera por el no tener un fe trascendente. Esto independientemente que la personas sea o no consciente esto mismo.

Mientras el discurso dominante insiste en que la religión pertenece al museo de las costumbres antiguas, una encuesta reciente de Gallup en Estados Unidos muestra algo inesperado: los hombres jóvenes están regresando a la religión. El porcentaje de menores de 30 años que consideran que la fe es “muy importante” en su vida subió de 28{b1d18ba80ee51affa5715b8a8cd103a94f1a98ac98c2a279f7a52ded2da4cdc2} en 2023 a 42{b1d18ba80ee51affa5715b8a8cd103a94f1a98ac98c2a279f7a52ded2da4cdc2} en 2025. No es un salto menor; es una grieta en el relato de la secularización inevitable.

Lo interesante no es sólo el dato, sino lo que revela. Durante décadas, las mujeres habían sido consistentemente más religiosas que los hombres. Hoy, entre jóvenes estadounidenses, esa tendencia comienza a invertirse. Y eso no sucede por accidente.

La explicación más inmediata no está en el púlpito, sino en el vacío. Muchos de estos jóvenes crecieron conectados a todo, pero vinculados a poco. Tienen entretenimiento ilimitado, acceso instantáneo a información, redes infinitas… y, sin embargo, viven una crisis de sentido. El archivo que analizamos lo retrata con claridad: jóvenes cansados del ruido digital, hartos de una cultura que entretiene mucho y explica poco, buscan algo que no sea desechable. Buscan propósito. Buscan orden. Buscan lo sagrado.

Ahora bien, México no está viviendo todavía ese mismo fenómeno.

Los datos de INEGI muestran otra realidad: en nuestro país, el grupo de 18 a 29 años es el que menos coincide con la afirmación “la religión es importante en mi vida”. En 2025, ese segmento registró 6.4 puntos, muy por debajo de los adultos mayores, que alcanzan 8.9. Además, las mujeres mexicanas siguen reportando una valoración religiosa superior a la de los hombres.

Es decir: mientras en Estados Unidos algunos hombres jóvenes parecen estar regresando a la religión, en México los jóvenes siguen alejándose, o al menos debilitando su vínculo con ella.

Pero cuidado: esto no significa que México sea menos creyente. Seguimos siendo un país mayoritariamente religioso. Ocho de cada diez mexicanos se identifican como católicos. Lo que cambia no es la existencia de la fe, sino su intensidad y su lugar dentro de la vida cotidiana de las nuevas generaciones.

Y ahí está el punto neurálgico.

Cuando un joven busca religión hoy, muchas veces no está buscando dogmas; está buscando estructura en medio del caos. En una época donde todo es relativo, instantáneo y provisional, la religión aparece para algunos como el último territorio donde todavía existen certezas, límites y permanencia.

La pregunta de fondo no es si estamos viendo un renacimiento espiritual. La pregunta es: ¿qué vacío está empujando a estos jóvenes a buscar refugio en lo sagrado?

Porque cuando una generación empieza a volver la mirada hacia lo trascendente, no siempre significa que encontró a Dios. A veces significa simplemente que el mundo moderno ya no le basta.

Y cuando eso ocurre, no estamos frente a una moda religiosa. Estamos frente a un síntoma cultural.

Ahí está El Meollo del Asunto.