Por: Daniel Valles.
El nuevo papa no llegó con fuegos artificiales ni con una sonrisa plastificada. León XIV salió al balcón como quien ha cargado costales de maíz, como quien ha enterrado amigos en tierra prestada. Y no habló de sexo, ni de liturgia, ni de reformas estructurales. Habló de justicia, de compasión y de verdad. Un evangelio para los de abajo.
Esto nos dice mucho. Y quien conoce un poco de historia eclesial entiende de inmediato que el nombre León no fue elegido al azar. León XIII, aquel papa de fines del siglo XIX, fue quien rompió con el silencio clerical ante la miseria obrera de su tiempo. En 1891, su encíclica Rerum Novarum puso la piedra angular de lo que hoy conocemos como Doctrina Social de la Iglesia. León XIV está recogiendo esa bandera. Y lo hará con uñas, dientes y Evangelio.

¿Cuál es el núcleo de esa doctrina que este nuevo papa impulsará? Veamos:
Primero, la dignidad de la persona humana. Parece obvio, pero no lo es en un mundo donde un niño vale menos que un teléfono y un migrante menos que un pasaporte. León XIV vendrá a recordarle a políticos, empresarios y obispos que cada ser humano es sagrado. Punto.
Segundo, el bien común. En tiempos donde la ideología del “sálvese quien pueda” se ha metido hasta en los púlpitos, el Papa recordará que una sociedad no se mide por cuántos ricos produce, sino por cuántos pobres deja atrás. Si no es para todos, no sirve.
Tercero, la opción preferencial por los pobres. Y aquí no hay vuelta de hoja. No es romanticismo, es radicalidad cristiana. El Papa no quiere una Iglesia que les dé limosna, sino una que camine con ellos, que los escuche y que los defienda.
Cuarto, el destino universal de los bienes. Otro trago amargo para los dueños del capital: la tierra, el agua, el aire y el trabajo no son propiedad privada absoluta. León XIV no tiene miedo a decirlo: Dios no creó el planeta para accionistas, sino para sus hijos.
Quinto, el trabajo digno. Lo que León XIII dijo frente al naciente capitalismo salvaje, León XIV lo dirá ante el algoritmo inhumano. Contra el trabajo esclavizante, contra el desempleo estructural, contra la uberización de la vida.
Y sexto, el cuidado de la casa común. No como eslogan verde, sino como mandato divino. Francisco lo empezó. León XIV lo profundizará. Defender la Tierra no es un acto político: es un acto de fe.
Con estos seis ejes, el nuevo Papa no quiere complacer a la curia, ni seducir a la prensa, ni congraciarse con los poderes. Su mirada está en la periferia. En el que no tiene voz. En el que está harto de sermones vacíos.
León XIV no es un revolucionario. Es un fiel discípulo de Cristo. Pero en un mundo torcido, seguir a Cristo es el acto más subversivo que existe. Así El Meollo del Asunto.