Johnson, el nuevo embajador.

Por: Daniel Valles.

Llegó a México el nuevo embajador de los Estados Unidos, Ron D. Johnson. Trae consigo algo más que la bandera de las barras y las estrellas: trae una estrategia, un historial, y, sobre todo, herramientas.

Ron Johnson no es un improvisado. Viene curtido de El Salvador, donde su intervención diplomática —y estratégica— fue clave para reducir la violencia pandilleril. Su fuerte no es la cortesía diplomática ni los brindis protocolares. Es la acción conjunta, el trabajo operativo, el uso de la inteligencia y la presión desde los mecanismos de poder estadounidenses para asfixiar al crimen organizado. En El Salvador funcionó. ¿Funcionará aquí en México?

Larry Rubin, presidente de The American Society of Mexico, lo tiene claro: Johnson representa una nueva etapa de colaboración bilateral. El embajador llega a un México cuya lucha contra el crimen organizado ha sido, por decir lo menos, un desastre de dos décadas. No se trata de sólo palabras. Rubin remarca que, al ser etiquetados como “organizaciones terroristas”, los cárteles pueden ser perseguidos con “herramientas” más duras. Se abren caminos jurídicos, financieros y operativos para cerrarles las rutas de acción.

Y es que México lo necesita. Claudia Sheinbaum recibió sus cartas credenciales en medio de una batalla frontal contra el crimen que parece más simbólica que efectiva. Con Johnson, podría haber un cambio. No porque él tenga la varita mágica, sino porque trae consigo algo que falta en muchos niveles de gobierno: voluntad y eficacia. Si Omar García Harfuch, la SEDENA y demás aparatos de seguridad aprovechan esta coyuntura, veremos resultados. Si se dedican a simular, Johnson también sabrá hacer lo suyo sin ellos.

La agenda del nuevo embajador es clara: narcotráfico, migración ilegal y comercio. No hay sorpresas. Pero sí hay señales. Rubin descarta renegociación del TMEC antes de 2026, lo que da algo de certeza en el frente económico. También echa por tierra la propuesta absurda de gravar las remesas: ni votos hay, ni sentido legal tiene. Eso sí, cuidado con lo que se dice en Washington; a veces las propuestas más ridículas vienen de ahí y prenden.

Por lo pronto, Johnson ya está en el campo. No es un diplomático decorativo. Es un operador. Y si algo necesita este país en este momento, es alguien que entienda la gravedad del problema, tenga las “herramientas”, y sepa usarlas. Veremos si lo dejan. Ahí estará, El Meollo del Asunto.