Por: Daniel Valles.
Ciudad Juárez no necesita espejos para ver su realidad: basta con entrar a una primaria o secundaria. El ciclo escolar 2024–2025 arrojó un dato brutal: 386 casos de violencia contra niñas, niños y adolescentes detectados en planteles de nivel básico.
¿De qué hablamos?
– 180 casos de violencia sexual.
– 34 de maltrato infantil.
– 48 por omisión de cuidados.
– 57 de violencia familiar.
– 67 de acoso escolar.
Esto no es un inventario burocrático, es la radiografía de un sistema en quiebra.
El costo humano de una ciudad rota.
Se canalizaron 191 expedientes a instancias legales: 83 a la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes; 72 a la Fiscalía de la Mujer; 36 a la Fiscalía Zona Norte. Y 167 casos requirieron atención psicológica inmediata.
Los números son fríos, pero detrás de ellos hay un niño que fue abusado, una niña que fue golpeada, un adolescente que se intentó defender de un acoso y terminó marcado. El costo humano es inconmensurable.
El protocolo que llega tarde.

Aplicaron el Protocolo Único de Prevención en 53 escuelas, con casi tres mil capacitaciones. Bien. Pero si los protocolos llegan cuando los niños ya han sido agredidos, se convierten en paliativo, no en solución. Se celebra la capacitación, pero el daño ya estaba hecho.
Juárez, laboratorio de indiferencia.
Lo que pasa en las aulas de Juárez es el reflejo de la ciudad: violencia familiar que se traslada a la escuela, omisión de cuidados que se convierte en acoso, y una sociedad que prefiere normalizarlo todo. Nadie se escandaliza porque “ya sabemos cómo es Juárez”. Ese cinismo es el terreno fértil para que la violencia siga creciendo.
El problema no es que se detecten casos —eso al menos significa que alguien levantó la voz—, el problema es lo que no se detecta: los silencios, los expedientes que nunca llegan a la Fiscalía, las niñas que callan por miedo, los niños que se aguantan porque no tienen a quién acudir.
Las escuelas no pueden seguir siendo simples reporteros de violencia, deben convertirse en barreras reales contra ella. Y la familia debe dejar de abdicar su responsabilidad esperando que un maestro o un protocolo resuelva lo que en casa no se quiere atender.
Juárez no está frente a una estadística: está frente a un espejo que devuelve la imagen de una niñez violentada. Y el reflejo no miente. Ahí, El Meollo del Asunto.