Por: Daniel Valles.
Aquí no hay misterio. Hay narrativa… y hay realidad. Y cuando ambas chocan, alguien queda mal parado.
Durante años —y con más fuerza en el discurso reciente del gobierno— se ha repetido una idea cómoda: que la llegada de mujeres al poder traería consigo una política más honesta. Suena bien. Pero no resiste los hechos.

El caso en INFONAVIT, donde Lyadalid Martínez Domínguez, subdirectora de Administración y Proveedora de Servicios del Instituto del Fondo de Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) es señalada en la presunta contratación ilegal, en una licitación multianual por 60 millones de pesos de la empresa PROAM Administración S. de R.L. de C.V. es claro:
Una licitación modificada de último momento para favorecer a una empresa con antecedentes problemáticos. Más de 60 millones de pesos en juego. No es un error. Es corrupción.
Y hay que decirlo sin rodeos: La corrupción es el abuso del poder asignado a una persona para beneficio propio. Eso no distingue sexo, clase social, edad. Lo único que la detiene es una decisión personal: no hacerlo.
EL MITO QUE SE ESTÁ CAYENDO.
El problema no es que haya mujeres involucradas en actos de corrupción. El problema es haber vendido la idea de que eso no iba a pasar. Cuando conviertes el género en garantía moral, dejas de vigilar. Y cuando dejas de vigilar, el poder se desborda.
LOS CASOS QUE DESMONTAN LA NARRATIVA.
Rosario Robles, en la llamada Estafa Maestra, participó en un esquema de desvío de recursos públicos.
Elba Esther Gordillo, durante años, utilizó recursos del sindicato con fines personales. No es un tema de género. Es un tema de poder.

LA RAÍZ DEL PROBLEMA.
La corrupción nace cuando hay discrecionalidad, falta de controles y ausencia de consecuencias. Y eso aplica para todos.
IGUALDAD… PERO COMPLETA.
La igualdad sí llegó. Pero no como muchos esperaban. Llegó también en la capacidad de abusar del poder.
LA ÚNICA BARRERA REAL
No hay género incorruptible. La única barrera real es una decisión personal, meditada, libre, consciente: no abusar del poder. Y esa decisión no viene con el cargo. Se toma. O no se toma. Ahí EL MEOLLO DEL ASUNTO.