La Verdad También Protege.

Escrito por

en

Por: Daniel Valles.

En días recientes, una columna publicada bajo el título “Romper la inocencia” hizo un llamado urgente —y emocionalmente comprensible— a despertar como sociedad ante los casos de abuso infantil en guarderías de Ciudad Juárez. Comparto la indignación, el dolor y el deseo de justicia que atraviesan cada línea del texto. No hay crimen más grave que el cometido contra un niño.

Sin embargo, cuando el corazón duele, la cabeza también debe pensar. En el afán legítimo de condenar el abuso, no podemos permitir que la emoción desplace a la verdad. Porque si no defendemos la verdad, tampoco estaremos defendiendo a los niños.

El IMSS no es omiso, tiene protocolos y los aplica.

La columna afirma que el sistema de guarderías opera “sin supervisión adecuada”. Esa afirmación, aunque tal vez basada en la percepción pública, omite el hecho de que el IMSS cuenta con protocolos estrictos:

Normas oficiales de capacitación y certificación para todo su personal (Norma 435 de CONOCER).

Sistemas de videovigilancia sin puntos ciegos, revisión de antecedentes penales, exámenes psicométricos y médicos.

Bitácoras electrónicas, suspensión automática de actividades en caso de denuncia formal y prohibición del uso de celulares durante la jornada.

– Y lo más importante: el cierre inmediato de instalaciones cuando la Autoridad lo requiere, como ya ocurrió en el caso de algunas guarderías.

Es cierto: un solo caso de abuso es intolerable. Pero generalizar sin distinguir entre las instituciones que cumplen y aquellas que fallan genera pánico, no prevención.

Lo ético también es justo.

El editorial exige vigilancia y sanción, pero omite un principio clave: la presunción de inocencia y el debido proceso. No basta con señalar “culpables sociales”. La justicia exige pruebas, contexto y procedimientos.

Hay un peligro en alimentar la narrativa de “todos fallamos” o “todo está podrido”. Esa visión no construye soluciones: sólo alimenta el miedo, la culpa y la desconfianza sin base.

La vigilancia no es enemiga del rigor.

Estoy de acuerdo en que necesitamos centros abiertos a la vigilancia ciudadana. También estoy de acuerdo en exigir más psicólogos infantiles, más controles aleatorios, más transparencia en casos sensibles. Pero eso no se logra con columnas que invitan a la indignación sin explicar cómo operan las instituciones ni reconocer lo que sí ha funcionado.

El verdadero despertar.

Sí, Juárez debe despertar. Pero no a golpes de pánico, sino con datos, con verdad, con reformas bien pensadas. La niñez no se protege solo con rabia: se protege con instituciones fuertes, con periodismo responsable y con ciudadanía informada.

Los casos que se han judicializado son dolorosos. Pero más doloroso aún sería usar el dolor para desinformar, estigmatizar o castigar sin razón a quienes han hecho bien su trabajo.

La verdad también protege. Protejámosla. Ahí El Meollo de este Asunto.