Por Daniel Valles.
Las disputas por el agua entre México y Estados Unidos han regresado con fuerza. Y en el centro de la controversia, el viejo Tratado de 1944. Pero más allá de cifras, notas diplomáticas y presiones fronterizas, hay una verdad innegable: no importa quién tenga la razón si al final la gente se queda sin agua.
Hoy, tres entidades de gobierno están en un punto de colisión. Y cada una defiende una verdad distinta. El gobierno federal mexicano quiere evitar una crisis diplomática. El gobierno de Estados Unidos exige cumplimiento inmediato. Y el gobierno de Chihuahua, junto con otros estados del norte, grita una verdad incómoda: ¡no hay agua!

La presidenta Sheinbaum ha insistido en que el tratado es justo, que se puede cumplir con soluciones técnicas, y que no se debe renegociar. Está en lo correcto desde el punto de vista jurídico. Pero su postura deja sola a la población del norte que enfrenta una de las sequías más duras de las últimas décadas.
El Monitor de Sequía de México confirmó que, al 15 de abril de 2025, el 98.6{bb2fea8e5b60dd107d6e06795b03f4b54306dffb57c47a9525f1426826c2d737} del territorio de Chihuahua se encuentra en sequía extrema o excepcional, los grados más altos en la escala nacional. Las principales presas del estado están al 18{bb2fea8e5b60dd107d6e06795b03f4b54306dffb57c47a9525f1426826c2d737} de su capacidad, y los municipios más afectados –como Ahumada, Guachochi, Juárez y Ojinaga– apenas sobreviven con lo indispensable. ¿De dónde, entonces, se sacará el agua que se exige entregar al norte del río?
Estados Unidos, con Donald Trump de regreso en el escenario, ha tomado el incumplimiento como bandera política. Rechaza solicitudes de agua para Tijuana, acusa a México de “robar” agua y amenaza con sanciones. Y aunque el reclamo tiene base legal, también es claro que se está instrumentalizando el tratado como herramienta electoral.
Y está Chihuahua. La gobernadora Maru Campos no ha cedido: dice que es inviable entregar agua cuando las presas están al límite técnico. Dice lo que ve. Defiende lo que su gente vive. Tiene razón técnica, social y moral. Pero no tiene poder diplomático ni margen legal. La ley no está de su lado. El agua, tampoco.
Así estamos: atrapados entre tratados, tormentas políticas y sequías. Con miles de familias al norte del país que miran las presas vacías mientras se habla de entregar más agua al vecino del norte. No se puede gobernar sólo con documentos firmados; también hay que gobernar con sensibilidad territorial.
El tratado de 1944 ha sido ejemplo de cooperación por décadas. Pero la crisis climática no respeta tratados. Y cuando el derecho entra en conflicto con la supervivencia, el liderazgo verdadero es el que sabe dialogar con los de arriba sin abandonar a los de abajo.
Son tres gobiernos con razones distintas. Pero sólo uno con la sed real.
Y esa sed vive en Chihuahua. Ahí El Meollo del Asunto.