Por: Daniel Valles.
Nos dicen que la violencia va a la baja. Que los homicidios disminuyeron. Que vamos por buen camino. Y sí, si uno toma un solo indicador, aislado, recortado y convenientemente seleccionado, puede parecer que algo mejora. Pero la realidad, como casi siempre en México, es más incómoda.

El problema no es solo cuántos homicidios se registran en un año, sino qué está pasando con la violencia en su conjunto. Cuando se amplía el lente —cuando se incluyen desapariciones y otros delitos contra la vida— el resultado es demoledor: México es hoy 68 por ciento más violento que hace una década. (Fuente: México Evalúa).
Aquí está el truco narrativo. Si bajan los homicidios, pero se disparan las desapariciones, la violencia no desaparece: se transforma. Cambia de forma, se oculta, se vuelve estadísticamente invisible para el discurso oficial, pero no para las familias que buscan a un hijo, a una mujer, a un hermano que no volvió a casa.
En 2025, mientras se presume una reducción anual, las desapariciones acumulan un crecimiento de más de 200 por ciento en diez años. Otros delitos contra la vida aumentaron más de 300 por ciento. Eso no es paz. Eso es mutación de la violencia.

Y mientras tanto, 19 estados del país siguen viviendo violencia en niveles epidémicos. No es un problema localizado ni excepcional: es estructural. Es el resultado de una estrategia que mide lo que conviene medir y calla lo que incomoda reconocer.
En Ciudad Juárez y en Chihuahua lo sabemos bien. Que bajen los homicidios es una buena noticia, sí, pero no basta. Porque el miedo no solo se mide en cadáveres. Se mide en extorsiones, en cobro de piso, en violencia familiar, en personas que desaparecen sin dejar rastro.

La pregunta de fondo es simple y brutal: ¿queremos cifras bonitas o queremos paz real? Porque la paz no se construye con discursos ni con Excel recortados. Se construye enfrentando la realidad completa, por dura que sea.
Mientras sigamos celebrando reducciones parciales y negando el crecimiento real de la violencia, lo único que estaremos reduciendo es nuestra capacidad de decir la verdad. Ahí El Meollo del Asunto.