Por: Daniel Valles.
Tres días bajo el agua. Así resumió una vecina de Poza Rica la tragedia que vive el norte de Veracruz. No se trató de una frase metafórica, sino literal. Tres días completos en los que las casas quedaron sumergidas, las calles convertidas en ríos y la esperanza en un lodo difícil de limpiar.
La presidenta Claudia Sheinbaum acudió al lugar a bordo de un vehículo militar, rodeada de cámaras, vecinos y reclamos. Algunos le exigían explicaciones: “No cancelaron clases a tiempo, las alertas llegaron tarde”. Otros simplemente pedían ayuda. Y es que, más allá del protocolo, el país enfrenta un desastre sin su antiguo escudo financiero: el FONDEN.

Porque el Fondo de Desastres Naturales —aquel que durante años permitió atender con rapidez tragedias como las de Tabasco en 2007 o Guerrero en 2013— fue eliminado en 2021 bajo el argumento de “corrupción y opacidad”. Hoy, esa decisión pasa factura. La reconstrucción se improvisa, la respuesta tarda, y las víctimas terminan organizándose solas.
El costo político será alto. El humano ya lo es: 64 muertos, 65 desaparecidos y más de 81 mil viviendas dañadas en el país.
Mientras tanto, Ciudad Juárez observa los nubarrones con cautela. Según Protección Civil, las lluvias locales se mantienen entre el 30 y 50 {1105b1c10a0affa7766df1f76bc47c1190965edc1d61df2afaaabcca5418c060} de probabilidad, con rachas de viento de hasta 45 km/h. Hasta ahora, sólo siete emergencias han sido atendidas: autos varados e inundaciones menores. Pero la advertencia es clara: si las lluvias continúan, la infraestructura podría colapsar. No hace falta que caiga un diluvio para descubrir nuestras deficiencias urbanas; basta con una tormenta prolongada.
El país se moja de nuevo. No sólo por las lluvias, sino por las decisiones que han dejado a millones sin paraguas institucional.
La naturaleza golpea, pero la negligencia empapa. Así es, El Meollo del Asunto.