Sheinbaum en Juárez: ¿informe o simulacro?

Por: Daniel Valles.

Claudia Sheinbaum anda de gira con sus informes estatales. Cada parada es una vitrina: presume que los homicidios bajaron un 25 {1105b1c10a0affa7766df1f76bc47c1190965edc1d61df2afaaabcca5418c060}, que millones ya reciben programas del Bienestar y que la impunidad se acabará en su sexenio. Hasta ahí, el libreto oficial suena bien. El problema es que en los hechos, México sigue siendo un país de violencia endémica, corrupción enquistada y con fronteras incendiadas.

Ahora le toca a Ciudad Juárez. El Estadio Juárez Vive, será la escenografía perfecta para repetir lo ya dicho en Michoacán o en Toluca, pero aquí el auditorio no se traga tan fácil los discursos. El juarense sabe que la inseguridad no se combate con cifras nacionales, sino con colonias libres de balaceras, con hijas que regresan a casa y con un sistema de justicia que no huela a moho. Sólo en lo que va del año, en Ciudad Juárez se contabilizan ~700 homicidios dolosos.

Sheinbaum probablemente dirá lo de siempre:
– Que se reparten millones en apoyos.
– Que el crimen va en retroceso.
– Que la corrupción ya no existe, salvo en las oficinas que todavía no la escucharon.
– Que el legado de López Obrador sigue vivo y que la transformación ya está aquí.

Pero lo que debería decir es otra cosa:

1. Que Juárez tiene condiciones únicas. Aquí no basta con “más becas” ni con “más Guardia Nacional”. Se requiere una estrategia de seguridad transfronteriza, que reconozca la gravedad de los carteles y el tráfico de armas desde Estados Unidos.
2. Que no habrá impunidad, incluso dentro de su propio partido. El caso Bermúdez en Tabasco y otros escándalos han dejado claro que Morena no está vacunada contra la corrupción. Un mensaje creíble sería que también sus cercanos responderán ante la ley.
3. Que habrá obras con presupuesto y plazos definidos. Agua, drenaje, transporte y hospitales. Los juarenses no piden milagros, piden certezas.
4. Que Juárez no será otra foto de campaña. El regreso a la ciudad donde arrancó su candidatura debería ser una rendición de cuentas, no una celebración de lo que todavía no se cumple.

El riesgo de Sheinbaum es el mismo de tantos presidentes: creer que el informe es un acto de fe, donde basta con enumerar promesas. Juárez no necesita un sermón político; necesita acciones visibles que se sientan en los barrios olvidados, no en el estadio.

El juarense tiene buena memoria. Recuerda a los que antes vinieron, prometieron y desaparecieron.

Si Sheinbaum quiere que la frontera la recuerde distinto, tendrá que hablar menos de estadísticas y más de compromisos verificables. De lo contrario, su paso por Juárez será exactamente lo que muchos temen: un acto simbólico, sin sustancia, otra vuelta más en la rueda de la retórica. Ahí, El Meollo del Asunto.