Revocación de Visa a Gobernadora de BC.

Por: Daniel Valles.

Cuando una autoridad de alto nivel en México pierde el privilegio de ingresar a Estados Unidos, no estamos ante un trámite migratorio más. Estamos, claramente, ante un mensaje político disfrazado de tecnicismo. La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, anunció que su visa de turista fue cancelada. La de su esposo también. Y como sucede en estos casos, lo que no se dice pesa más que lo que se declara.

¿La razón oficial? Ninguna.

¿Alguna acusación formal? Tampoco.

¿Entonces? Ah, el terreno favorito del poder y la prensa: la especulación.

Y no es para menos. Baja California comparte más de 200 kilómetros de frontera con el país que le cerró la puerta a su mandataria estatal. Esto no es Cancún. Es Tijuana, Mexicali, la ruta caliente del fentanilo, de los migrantes, de los autos chocolate, del contrabando de ida y vuelta. Es la zona que los gringos miran con lupa desde hace décadas. Y ahora resulta que la gobernadora no puede entrar. ¿Por qué?

Ella asegura que no hay investigaciones ni en México ni en EE.UU. ¿Y por qué aclararlo si nadie lo preguntó? La “explicación no pedida” es, en política, una confesión anticipada. Nos remite al viejo principio: *quien se justifica sin acusación, algo teme*. O al menos algo esconde. Aunque sea un simple procedimiento administrativo —como ella quiere hacerlo ver—, la narrativa oficial no cuadra con la reacción diplomática.

Y cuando la información oficial es opaca, la sospecha florece. El silencio de la Embajada de EE.UU. no es diplomático. Es estratégico. Deja que la prensa haga su trabajo sucio: investigar, indagar, ponerle nombre a lo innombrado. ¿Será por vínculos con algún grupo criminal? ¿Por omisiones en la lucha contra el tráfico de fentanilo? ¿Por su cercanía con personajes incómodos de Morena?

Mientras tanto, Morena reacciona como siempre: victimizando a los suyos. Y la oposición, como siempre también, aprovecha para exigir lo que ni ellos saben qué es. Pero la opinión pública ya sacó sus propias conclusiones. Porque cuando el río suena… ya sabemos lo demás.

Aquí no se trata solo de Marina del Pilar. Se trata del precedente. ¿Cuántos gobernadores más tienen visas que cuelgan de un hilo? ¿Cuántos cruzan a San Diego con más miedo que placer? La Casa Blanca no cancela visas a lo tonto. Lo hace con cálculo.

Y eso, querámoslo o no, es lo que hace tan peligrosa esta historia: no sabemos si lo peor ya pasó… o apenas va comenzando. Ahí El Meollo del Asunto.